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    <title>Puerto Negocios</title>
    <subtitle>Entrevistas exclusivas y contenido multimedia para informarse minuto a minuto de lo que acontece en Santa Fe.</subtitle>
    <updated>2026-10-15T13:19:41+00:00</updated>
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            Una milla hacia el cielo
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                <![CDATA[Rodrigo Agostini]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0R1UEU-ukz5uSuO_vxxXgrPMzww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>“No hay nada más poco común que el sentido común”</p><p>Frank Lloyd Wright</p><p>***</p><p>En 1956, Frank Lloyd Wright tenía ochenta y nueve años. A esa edad, cuando cualquier hombre podría sentirse autorizado a contemplar aquello que había hecho, recordar sus obras, defender sus certezas y vivir, finalmente, de su propia historia, Wright decidió dibujar un edificio de una milla de altura. Una milla. Es decir, mil seiscientos nueve metros elevándose sobre Chicago.</p><p>Quinientos veintiocho pisos. Una ciudad puesta de pie. Lo llamó The Illinois, Mile-High Sky-City ("ciudad aérea en una milla de altura"). Todavía hoy cuesta comprender verdaderamente la dimensión de aquella propuesta.</p><p>Mucho más difícil debe haber sido hacerlo hace setenta años, cuando la arquitectura apenas comenzaba a acostumbrarse a edificios que hoy podríamos considerar pequeños frente a los gigantes contemporáneos.</p><p>Wright imaginaba una torre que fuera capaz de albergar a más de cien mil personas, servida por sistemas extraordinarios de transporte vertical, rodeada por enormes superficies de estacionamiento, conectada incluso mediante plataformas para helicópteros. Había pensado su estructura, sus circulaciones, su funcionamiento y su relación con el suelo.</p><p>Había demasiada arquitectura allí para considerarla simplemente la extravagancia de un anciano genial. Aquello era una pregunta. Y quizás esa sea una de las cosas más hermosas que puede hacer nuestra disciplina: formular preguntas que su propio tiempo todavía no sabe responder. Wright murió apenas tres años después. The Illinois nunca se construyó.</p><p>Durante décadas permaneció allí, entre los dibujos extraordinarios de la historia de la arquitectura, habitando ese territorio ambiguo donde viven los proyectos que parecen imposibles. Algunos los llaman utopías. Otros, ejercicios teóricos. También están quienes prefieren llamarlos delirios.</p><p>Siempre me gustó pensar que son otra cosa: pequeñas anticipaciones del futuro enviadas demasiado temprano. Porque sucede algo curioso con lo imposible. Lo imposible envejece. Aquello que una generación considera absurdo puede transformarse en el problema técnico de la siguiente y terminar convertido en la obra posible de una tercera.</p><p>Setenta años después de aquel dibujo de Wright, a más de once mil kilómetros de Chicago, miles de trabajadores construyen en Jeddah, Arabia Saudita, una torre que pretende superar los mil metros de altura.</p><p>La Jeddah Tower continúa creciendo después de una historia accidentada, años de paralización, problemas económicos y políticos y un reinicio que volvió a poner en movimiento uno de los proyectos más ambiciosos de la arquitectura contemporánea.</p><p>En 2026 ya ha superado los cuatrocientos cincuenta metros y continúa elevándose hacia una altura que ninguna construcción humana alcanzó jamás. Todavía le falta muchísimo. Y, sin embargo, algo fundamental ya ocurrió. El kilómetro comenzó a abandonar el dibujo.</p><p>Hay hormigón allí arriba. Hay acero. Hay grúas, ascensores de obra, operarios, ingenieros calculando, arquitectos revisando, máquinas bombeando materiales a alturas que durante buena parte de nuestra historia hubieran resultado inimaginables.</p><p>Hay miles de personas trabajando todos los días para transformar una cifra aparentemente absurda en materia. Por eso, cuando miro las fotografías actuales de Jeddah Tower, inevitablemente regreso a aquel hombre de ochenta y nueve años desplegando un dibujo de 1.609 metros.</p><p>Y descubro una pequeña ironía que me resulta maravillosa: Wright todavía les gana. Estamos construyendo el edificio que pretende convertirse en el más alto de la historia y todavía debemos mirar bastante más arriba para alcanzar la altura que un arquitecto imaginó con un lápiz hace setenta años.</p><p>Detrás de esa comparación, casi infantil si solamente enfrentáramos números, aparece una cuestión mucho más profunda que la competencia por un récord.</p>¿Por qué queremos llegar tan alto?<p>Podríamos responder que simplemente porque podemos. Pero las respuestas sencillas suelen quedar pequeñas frente a las preguntas importantes. Podemos mirar Jeddah Tower como una manifestación de poder. Podemos hablar de dinero, representación, prestigio internacional, competencia entre ciudades, economías que utilizan la arquitectura para construir una imagen de sí mismas.</p><p>Podemos discutir su impacto ambiental, el consumo de recursos, la energía necesaria para sostener semejante organismo vertical o la pertinencia de concentrar una cantidad extraordinaria de capital, conocimiento y tecnología en una única construcción.</p><p>Todas esas preguntas son necesarias. Pero cuentan solamente una parte de la historia. Porque el hombre también avanzó gracias a algunas personas incapaces de aceptar como definitivos los límites que encontraron delante. Alguien decidió alguna vez levantar una piedra más alto de lo razonable.</p><p>Alguien quiso cubrir una luz que parecía imposible. Alguien imaginó una cúpula sin saber todavía exactamente cómo construirla. Alguien fabricó una máquina capaz de elevar personas dentro de un edificio y el ascensor terminó transformando definitivamente nuestras ciudades. Otros quisieron cruzar océanos, volar, descender hasta las profundidades del mar o caminar sobre la Luna.</p><p>Y alguien, en 1956, decidió dibujar un edificio de una milla. Tal vez una parte considerable de nuestra historia pueda escribirse como una sucesión de hombres y mujeres empeñados en hacer cosas que el sentido común de su época consideraba innecesarias, desmesuradas o directamente imposibles.</p><p>Por eso me cuesta condenar inmediatamente la desmesura. Hay algo profundamente humano dentro de ella. Algo que nos empuja. Algo que también puede extraviarnos. Y precisamente allí comienza la discusión que verdaderamente me interesa. Porque nuestra capacidad técnica y nuestras necesidades nunca fueron exactamente la misma cosa.</p><p>Saber hacer algo jamás resolvió completamente la pregunta acerca de la conveniencia de hacerlo. Entre ambas existe un pequeño espacio que durante siglos ocuparon la cultura, la ética, la política, la economía y, también, la arquitectura. Jeddah Tower resulta fascinante porque nos coloca exactamente dentro de esa contradicción.</p><p>Su construcción exige conocimientos extraordinarios sobre estructuras, cimentaciones, comportamiento aerodinámico, transporte vertical, evacuación, instalaciones, materiales y logística.</p><p>A semejantes alturas, incluso el viento deja de ser aquella abstracción que dibujamos mediante pequeñas flechas sobre un esquema estructural y se convierte en una presencia física capaz de modificar el ritmo de una obra. Me gusta particularmente esa imagen.</p><p>Después de miles de años de evolución tecnológica, computadoras capaces de realizar millones de operaciones, modelos digitales, túneles de viento, hormigones de altísimas prestaciones, bombas extraordinarias, grúas trabajando a cientos de metros y equipos integrados por miles de personas, todavía puede llegar una ráfaga y recordarnos que la naturaleza continúa participando de la conversación.</p><p>Hay cierta humildad escondida dentro de la soberbia de construir un kilómetro hacia el cielo. Cuanto más alto llegamos, más cosas descubrimos que todavía debemos aprender. Quizás siempre haya sido así. Las catedrales góticas fueron edificios religiosos, pero también enormes laboratorios estructurales.</p><p>Las grandes estaciones ferroviarias fueron infraestructuras y simultáneamente campos de experimentación material. Los primeros rascacielos fueron operaciones inmobiliarias, símbolos empresariales y máquinas urbanas, pero obligaron a transformar estructuras, instalaciones, protección contra incendios, transporte vertical y maneras de habitar.</p><p>La arquitectura algunas veces avanza porque aparece una necesidad. Otras veces alguien imagina algo tan desmesurado que nos obliga a inventar las herramientas necesarias para alcanzarlo. La frontera entre ambas cosas nunca fue demasiado precisa. Por eso reducir Jeddah Tower a una extravagancia sería tan pobre como celebrarla solamente porque será alta.</p><p>Mil metros constituyen un dato. Pero de ese dato surgen muchas preguntas interesantes para hacer. ¿Qué conocimiento queda después? ¿Qué aprendimos construyéndolos? ¿Qué tecnologías desarrollamos? ¿Qué errores cometimos?</p><p>¿Cuántas soluciones concebidas para resolver una situación extrema podrán utilizarse después en edificios más modestos, más accesibles, más cotidianos y, seguramente, mucho más necesarios? Y, fundamentalmente: ¿qué ciudad queda debajo?</p>Más allá de lo imaginable<p>Ningún edificio termina verdaderamente donde termina su terreno. Su sombra continúa. Sus desplazamientos continúan. Sus consumos continúan. La infraestructura que necesita continúa. También continúan su capacidad de generar conocimiento, trabajo, identidad, transformación urbana y nuevas maneras de pensar aquello que creíamos posible.</p><p>La arquitectura siempre derrama sobre aquello que la rodea. Entonces quizás la pregunta correcta frente a Jeddah Tower tampoco sea cuánto mide. La pregunta debería ser: ¿qué produce además de altura? Allí aparece la distancia entre un récord y la arquitectura. Un récord necesita un número. La arquitectura necesita sentido.</p><p>Y sospecho que estamos entrando en una época en la cual esa diferencia será cada vez más importante. La tecnología comienza a permitirnos cosas que hace apenas unas décadas pertenecían a la ciencia ficción.</p><p>Nuevos materiales, inteligencia artificial, sistemas constructivos robotizados, impresión tridimensional, estructuras optimizadas algorítmicamente, edificios capaces de responder a determinadas condiciones ambientales.</p><p>Muchas de las barreras técnicas que organizaron nuestra disciplina durante siglos comienzan lentamente a desplazarse. Y cuanto más retroceden los límites técnicos, más importantes se vuelven nuestros límites éticos. Durante mucho tiempo pudimos refugiarnos en una frase tranquilizadora: "Eso no se puede hacer". La física decidía por nosotros. La técnica decidía por nosotros.</p><p>El presupuesto decidía por nosotros. Pero imaginemos por un instante que muchas de esas fronteras empiezan a desaparecer. Entonces tendremos que enfrentarnos a una pregunta bastante más difícil: si podemos construir casi cualquier cosa,... ¿por qué merece ser construida?</p><p>Saber "cómo" comienza a ser insuficiente. Tenemos que recuperar el "para qué". Y quizás allí Wright vuelva a resultar sorprendentemente contemporáneo. The Illinois jamás necesitó existir físicamente para modificar nuestra imaginación. Su enorme valor quizás haya sido permanecer sobre el papel durante décadas, esperando pacientemente que la tecnología comenzara a caminar hacia él.</p><p>Los arquitectos solemos pensar que una obra que nunca llega a construirse es una obra incompleta. Tengo cada vez más dudas acerca de eso. Hay edificios que transformaron ciudades. También existen dibujos que transformaron nuestra manera de imaginar las ciudades. Eso también es construir.</p><p>Construir una posibilidad. Construir una pregunta. Construir un horizonte suficientemente lejano como para obligar a otros a caminar hacia él. Quizás Wright comprendía perfectamente que aquella milla no pertenecía a 1956. Tal vez ni siquiera esperaba verla construida. Un arquitecto de ochenta y nueve años sabe perfectamente cuánto dura una vida.</p><p>Pero también sabe -o debería saber- que algunas ideas pueden vivir bastante más que quien las dibuja. Hoy Jeddah Tower continúa creciendo. Un piso después de otro. Hormigón después de hormigón. Metro después de metro. Algún día, si todo continúa según lo previsto, superará los 828 metros del Burj Khalifa. Después llegarán los novecientos.</p><p>Y finalmente ocurrirá algo que durante buena parte de la historia de la arquitectura hubiera parecido absurdo: un edificio atravesará la barrera de los mil metros. Ese día seguramente hablaremos del edificio más alto del mundo. Habrá fotografías, récords, cifras y comparaciones. Yo probablemente vuelva a pensar en Chicago.</p><p>En 1956. En un hombre viejo parado frente a un dibujo demasiado grande. Wright murió en 1959 sin haber visto jamás un edificio de quinientos metros. Nunca vio el Burj Khalifa. Nunca conoció Jeddah Tower. Nunca pudo observar una grúa trabajando a cuatrocientos cincuenta metros sobre el suelo. Pero dejó dibujado uno de 1.609.</p><p>Quizás allí permanezca una de las lecciones más hermosas de nuestra profesión. El arquitecto construye con los materiales disponibles en su tiempo, pero también imagina con materiales que todavía no existen. Trabaja sometido a la gravedad del presente mientras una parte de su pensamiento pertenece inevitablemente al futuro.</p><p>Algunas veces ese futuro llega tarde. Otras llega cuando quien lo imaginó ya no está para verlo. Importa poco. Alguien tenía que dibujarlo primero. Porque antes de cada estructura hubo una línea. Antes de cada cálculo hubo una intuición. Antes de cada certeza hubo alguien dispuesto a equivocarse imaginando.</p><p>Jeddah está construyendo hoy su primer kilómetro. Frank Lloyd Wright, hace setenta años, ya había dibujado una milla. Y quizás, después de todo, la verdadera altura de la arquitectura nunca se haya medido solamente en metros.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/0R1UEU-ukz5uSuO_vxxXgrPMzww=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/opinion.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El ambicioso proyecto que se construye en Arabia Saudita desafía la técnica moderna y revive el sueño de Frank Lloyd Wright de levantar "una ciudad" hacia el cielo.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T13:19:41+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T13:20:10+00:00</published>
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            El usuario como protagonista del nuevo escenario energético
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                <![CDATA[Puerto Negocios]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2mQ69Py2RZ6QW-sxFlG4R3W4rDY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/foto1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Por Daniel Franzoy</p><p>El tercer trimestre de 2026 dejó una señal que no debería pasar inadvertida: en materia energética, la previsibilidad no puede darse por sentada.</p><p>Este período estuvo marcado por una baja del precio monómico de la energía (costo medio de la energía eléctrica en el sistema mayorista), luego de haber alcanzado su máximo histórico (-16% desde junio hasta agosto), y un alza en el precio del crudo como consecuencia del conflicto Estados Unidos-Irán (+62% desde junio a octubre), ubicándose alrededor de los USD 100 al momento de la redacción de esta nota.</p><p>No existe una relación automática entre el precio del petróleo y el precio de la electricidad. El costo de generación depende de múltiples variables: el tipo de generación disponible, los combustibles utilizados, la demanda, las importaciones, la hidraulicidad y las condiciones generales del sistema, entre otras.</p><p>Pero sí existe una conclusión que podemos extraer de este escenario: el mercado energético continúa expuesto a una volatilidad que hace cada vez más difícil pensar que los costos permanecerán estables. Y entonces aparece una pregunta más importante que cuánto costará la energía el próximo mes: ¿Qué estamos haciendo para gestionar ese costo?</p>No se trata solo de limitarse a pagar<p>El usuario ya no puede limitarse a pagar la factura. Durante mucho tiempo, para una empresa la energía fue considerada prácticamente una variable dada. Se consumía electricidad o gas, llegaba la factura y el desafío consistía en pagar.</p><p>Hoy para una industria, gestionar energía significa conocer cuánto consume, cuándo lo hace, cuánto paga por potencia, cuánto paga por la energía, cuáles son sus posibilidades contractuales y qué inversiones pueden reducir su exposición futura.</p><p>No todas las empresas tienen las mismas alternativas. Pero cada vez son menos las que pueden darse el lujo de no conocerlas. Un ejemplo concreto está en los grandes usuarios eléctricos.</p><p>La Resolución N° 976/2023 estableció para las grandes demandas de los distribuidores, los denominados GUDI (Gran Usuario de Distribuidora) con demanda de potencia mayor o igual a 300 kW, un mecanismo de estabilización para la compra de energía.</p><p>La misma normativa permite que estos usuarios opten por caracterizarse como agentes del MEM (Mercado Eléctrico Mayorista) y acceder al mercado de contratos. Una empresa que cumple con las condiciones para acceder a estas alternativas no necesariamente tiene que limitarse a recibir pasivamente el precio que le llega incorporado en la factura.</p><p>Puede analizar cómo abastecerse, evaluar contratos y decidir cuánto riesgo de precio está dispuesto a asumir. Contratar energía no significa necesariamente buscar el precio más bajo. Significa también gestionar riesgo. Diferir no es reducir. En este contexto debe interpretarse también la medida adoptada por la provincia de Santa Fe frente al impacto de los cargos energéticos del invierno.</p><p>El Gobierno provincial habilitó un mecanismo de financiamiento para que el sector productivo pueda diferir los cargos correspondientes a junio, julio y agosto de 2026 y pagarlos en cuotas, con vencimiento final en abril de 2027.</p><p>La herramienta tiene una lógica financiera concreta: evitar que un costo concentrado en determinados meses produzca un impacto excesivo sobre el flujo de fondos de las empresas. Modifica el momento en que se paga, pero no el monto que representa ese consumo para la empresa.</p><p>Esta distinción es fundamental porque, si el problema energético se aborda únicamente desde el monto final de la factura, corremos el riesgo de concentrarnos en cómo pagarla en lugar de preguntarnos por qué estamos pagando ese costo y qué podemos hacer para modificarlo. El financiamiento puede ser una solución financiera. Pero no debería confundirse con una estrategia energética.</p>Menos subsidios, mayor protagonismo<p>Esta transformación tampoco ocurre solamente en el sector industrial. El sistema energético argentino está avanzando hacia una participación más focalizada del Estado en materia de subsidios. El proyecto de Presupuesto 2027 plantea una reducción de la participación relativa de los subsidios energéticos y una mayor focalización de la asistencia.</p><p>Esto no significa que los subsidios desaparezcan. Significa que el usuario debe prepararse para un escenario en el que la cobertura estatal sobre el costo de la energía tenga límites más definidos. La discusión sobre la Zona Fría, los mecanismos de asistencia y los distintos esquemas tarifarios forma parte de ese proceso más amplio.</p><p>Y cuanto menor sea la proporción del costo energético absorbida por el Estado, mayor será la importancia de las decisiones que tome cada usuario. No se trata de trasladar toda la responsabilidad al consumidor, se trata de reconocer una realidad económica: cuando una mayor parte del costo llega al usuario, administrar ese costo se vuelve más importante.</p>¿Hacia dónde vamos?<p>Probablemente hacia un sistema energético en el que el usuario tenga que asumir un papel mucho más activo. Para una gran industria, ese protagonismo puede significar analizar su incorporación al MEM, negociar un contrato de abastecimiento, gestionar la demanda o realizar inversiones de eficiencia.</p><p>Para una pyme, puede significar algo tan concreto como entender por qué su factura aumentó, qué componente explica ese aumento y qué alternativas tiene para reducir su exposición. Para una familia, puede significar algo mucho más sencillo: revisar hábitos de consumo, utilizar eficientemente los equipos, controlar la potencia contratada y evitar consumos innecesarios.</p><p>Las herramientas son diferentes, pero el principio es el mismo: dejar de considerar la energía como un gasto automático y empezar a tratarla como una variable que puede gestionarse.</p>¿Qué puede hacer el usuario?<p>La respuesta no será siempre la misma. Dependerá del tamaño, del consumo, de la actividad, de la estructura tarifaria y de las posibilidades técnicas y contractuales de cada caso. La estrategia energética no consiste solamente en conseguir energía al menor precio posible.</p><p>Consiste en conocer, anticipar, decidir y gestionar. Porque en un escenario de mayor volatilidad y menor cobertura generalizada, esperar a que llegue una factura elevada para empezar a analizar el problema será cada vez más caro. El desafío que viene no será solamente conseguir energía. Será aprender a gestionarla.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/2mQ69Py2RZ6QW-sxFlG4R3W4rDY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/foto1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La volatilidad de los precios, la reducción progresiva de los subsidios y las herramientas disponibles para gestionar el costo energético están modificando el papel de los usuarios.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-15T13:08:06+00:00</updated>
                <published>2026-10-15T13:05:32+00:00</published>
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            La arquitectura no se subasta
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                <![CDATA[Rodrigo Agostini]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cqmyJ-rOeFhxrSZ-FwEDSNlJnqg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/arquitectura.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>"El otro no puede ser reducido a medio"</p><p>Emmanuel Lévinas</p><p>***</p><p>Hay traiciones que no hacen ruido. No rompen puertas. No levantan la voz. No dejan rastros visibles sobre la materia. Ocurren en el más oscuro silencio, en el territorio intangible donde se intercambian ideas, tiempo, intuiciones y lecturas del mundo.</p><p>Son traiciones que no se inscriben en el cuerpo, sino en la confianza. Y sin embargo duelen. Duelen de un modo particular, porque no lesionan únicamente el presente: reescriben retrospectivamente cada gesto previo.</p><p>Uno vuelve hacia atrás y revisa conversaciones, reuniones, cafés compartidos, planos desplegados sobre una mesa. Todo adquiere otra textura. Lo que parecía entusiasmo era cálculo. Lo que parecía escucha era extracción. Lo que parecía sociedad era asimetría.</p><p>En arquitectura, esta herida tiene una densidad específica. Porque un proyecto no es un objeto. No es una lámina ni un render. Es tiempo sedimentado, experiencia acumulada. Una biografía profesional decantada en forma.</p><p>Cada línea trazada condensa años de aprendizaje, errores, lecturas, obras visitadas, ciudades caminadas. Mostrar un proyecto es, en cierto modo, mostrar el propio pensamiento desnudo. Por eso la confianza es condición de posibilidad del oficio.</p><p>Nadie podría trabajar si cada idea debiera protegerse como secreto industrial. La arquitectura -como toda práctica intelectual- necesita de una apertura inicial, de un gesto de entrega anticipada. Primero se piensa, luego se acuerda. Primero se imagina, luego se firma.</p><p>Pero ese orden presupone reconocimiento. Aquí resulta inevitable detenerse en Paul Ricoeur. ¿Por qué? Porque Ricoeur entiende el reconocimiento como una categoría fundante de la vida ética. Reconocer al otro no es simplemente saber quién es; es admitirlo como autor de sus actos, como origen legítimo de aquello que produce. El reconocimiento otorga dignidad simbólica a la acción humana.</p><p>Cuando un proyecto es utilizado sin consentimiento para ser ejecutado por un tercero -muchas veces a menor costo- lo que se produce no es solo una irregularidad contractual. Es una forma de des-reconocimiento. Se borra la autoría. Se disocia la obra de su fuente. El pensamiento se vuelve anónimo para que el negocio sea más eficiente.</p><p>El daño, entonces, no es únicamente económico. Es ontológico: se niega al autor como origen. Por eso mismo, desde otra profundidad filosófica, Emmanuel Lévinas radicaliza aún más la cuestión. Para este pensador, la ética nace en el encuentro con el rostro del otro. El otro no puede ser reducido a medio, a instrumento, a recurso disponible.</p><p>Existe una responsabilidad anterior a todo contrato. Instrumentalizar el trabajo intelectual ajeno -tomarlo, fragmentarlo, utilizarlo para negociar con terceros- es una forma de violencia sin estridencias. No hay agresión visible, pero sí reducción moral. El otro deja de ser sujeto para transformarse en herramienta.</p><p>Y esa reducción revela una mutación más amplia: la del mercado contemporáneo, que tiende a mercantilizar incluso aquello que pertenece al ámbito del pensamiento. La arquitectura, en ese proceso, corre el riesgo de degradarse. Deja de ser práctica cultural para convertirse en servicio comparativo. Se mide por precio. Se subasta por metro cuadrado. Se despoja de su espesor intelectual.</p><p>Y es aquí es donde la mirada de Pierre Bourdieu aporta una clave decisiva, porque -justamente- es él quien explica que todo campo profesional está atravesado por distintas formas de capital: económico, social, cultural y simbólico. Este último, el capital simbólico, está compuesto por prestigio, legitimidad, trayectoria, autoridad técnica.</p><p>Cuando un inversor utiliza el proyecto desarrollado por un profesional para negociar honorarios más bajos con otro, está apropiándose de ese capital simbólico. Lo convierte en ventaja económica propia sin haberlo producido. Es, en términos bourdianos, una conversión ilegítima de capital. No se roba solo un plano. Se captura valor acumulado.</p><p>El problema no es exclusivamente individual. Es sistémico: cuando estas prácticas se naturalizan, todo el campo profesional se precariza. Los honorarios bajan, la autoría se diluye, la confianza se erosiona. El oficio pierde densidad cultural y se vuelve prestación técnica intercambiable. Sin embargo, conviene distinguir responsabilidades.</p><p>Existe una primera responsabilidad evidente: la del comitente que instrumentaliza. Allí hay ruptura de confianza, apropiación de trabajo intelectual y uso indebido de información estratégica. Pero hay una segunda responsabilidad, más incómoda: la del profesional que acepta ejecutar sobre la base de ese material.</p><p>Puede haber desconocimiento. Puede haber necesidad económica. Pero también puede haber aceptación tácita de una lógica degradante para el conjunto del campo. Cuando la competencia se funda en apropiaciones previas, deja de ser competencia: se convierte en sustitución.</p><p>Frente a estas situaciones surgen inevitablemente varias preguntas, varios "por qué". ¿Por qué alguien a quien se le entregó confianza decide quebrarla? ¿Por qué alguien utiliza el trabajo ajeno para obtener ventaja económica? ¿Por qué elige el atajo en lugar de la construcción conjunta?</p><p>Las preguntas son comprensibles, pero suelen ser estériles. Presuponen que el otro opera bajo la misma estructura ética que uno. Y eso no siempre ocurre. Hay decisiones que no nacen de la reflexión moral sino del cálculo inmediato. Por eso mismo la pregunta fértil no es "¿por qué lo hizo?", sino "¿qué hago yo con esto?".</p><p>Toda traición abre una bifurcación. Puede empujar hacia el resentimiento que empobrece, o hacia la lucidez que fortalece. La lucidez implica varias capas. Primero, una reafirmación ética: recordar que la arquitectura es producción intelectual, no mera prestación gráfica. Que un proyecto tiene autoría, pensamiento, responsabilidad cultural.</p><p>Segundo, una revisión estratégica: establecer marcos de resguardo antes de exponer la totalidad del trabajo. No para clausurar la confianza, sino para protegerla de su uso indebido. Y tercero, una transformación narrativa: convertir la experiencia en reflexión.</p><p>Hay algo paradójico en estas situaciones. Quien traiciona puede obtener una ventaja económica inmediata, pero erosiona su capital simbólico. En el largo plazo, el prestigio se construye sobre coherencia, no sobre oportunismo. La confianza, en cambio, aunque herida, no pierde valor.</p><p>Sigue siendo condición de posibilidad para cualquier práctica profesional digna. Sin confianza no hay proyecto compartido. Solo hay transacción. Y la arquitectura -cuando se reduce a transacción- pierde su dimensión cultural.</p><p>Tal vez por eso estas experiencias duelen más de lo que deberían desde una lógica puramente económica. Porque no se siente que hayan tomado un trabajo: se siente que han reducido un pensamiento. Sin embargo, incluso en esa reducción hay aprendizaje.</p><p>Se aprende a distinguir entre interlocutores y extractores, entre socios y oportunistas. Entre quienes buscan construir y quienes buscan abaratar. Y, sobre todo, se aprende que la confianza no debe desaparecer, pero sí volverse un poco lúcida. Porque confiar no es ingenuidad. Es una apuesta civilizatoria.</p><p>Pero toda apuesta requiere reglas, memoria y criterio. Al final, lo verdaderamente decisivo no es la pérdida puntual de un encargo, sino la posición que uno adopta frente a la herida. Convertirla en resentimiento es perder dos veces. Convertirla en pensamiento es recuperar autoridad sobre lo vivido.</p><p>Quizás allí resida el único desplazamiento fértil: pasar de la pregunta dolida ("¿por qué?") a una afirmación más serena y más firme: el trabajo intelectual tiene dignidad. La autoría no es negociable. Y la confianza, cuando es traicionada, no se cancela: se vuelve consciente.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cqmyJ-rOeFhxrSZ-FwEDSNlJnqg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/arquitectura.webp" class="type:primaryImage" /></figure>En la arquitectura, la confianza es esencial. Los proyectos no son solo planos, sino ideas y experiencias. Traicionar esa confianza afecta al oficio profundamente.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-10-06T13:06:13+00:00</updated>
                <published>2026-10-06T13:06:39+00:00</published>
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            ¿Qué país?
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/que-pais" type="text/html" title="¿Qué país?" />
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            <name>
                <![CDATA[Micaela Mezzadra]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cP-KOVAvb7BOX7xHsNCKKEm6ik4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Una de las acepciones de la palabra “País” en el Diccionario de la Real Academia Española es “Tira de papel, piel o tela que cubre la parte superior del varillaje del abanico”. Es lo que integra a las partes, lo que une a la estructura.&nbsp;</p><p>Hay preguntas que olvidamos hasta que vuelven, una y otra vez. ¿Qué producimos? ¿Qué lugar ocupa el trabajo de valor en nuestra sociedad? ¿Qué capacidades institucionales, productivas, científicas y tecnológicas tenemos? ¿Qué Estado necesitamos para que esas capacidades no se pierdan? Y, detrás de todo, insistente, ¿Qué país queremos ser?</p>Las tres Argentinas<p>Bernardo Kosacoff (2026), propone una imagen potente para pensar la Argentina. No existe una sola Argentina productiva, sino tres. Hay una Argentina moderna, competitiva, integrada a las fronteras tecnológicas internacionales; otra enorme, vinculada fundamentalmente al mercado interno y con una función central en la generación de empleo; y una tercera marcada por la informalidad, la baja productividad y la exclusión. Son tres estructuras económicas con su correlato social. La pregunta por el desarrollo es, esencialmente, una pregunta por la posibilidad de integrarlas.</p><p>La primera es extraordinariamente valiosa. Reúne sectores capaces de competir internacionalmente, exportar, invertir en investigación y desarrollo y emplear trabajadores altamente calificados. Allí aparecen las capacidades más sofisticadas que construyó nuestro país y están en los sectores de agroindustria, energía, biotecnología, industria nuclear y satelital y servicios basados en conocimiento. Kosacoff señala que son capacidades que pocos países en desarrollo poseen y que constituyen un activo estratégico.</p><p>La segunda es más amplia y está vinculada al mercado interno. Allí se encuentran buena parte de las empresas PyMEs y actividades que generan empleo y que acumularon capacidades productivas durante décadas. Sin embargo, están lejos de las mejores prácticas internacionales, con problemas de productividad, escala, financiamiento e innovación. Su importancia no radica solo en cuánto produce hoy, sino en su capacidad de generar empleo de calidad y en que allí pueden desarrollarse capacidades que mañana permitan crear nuevos sectores exportadores.</p>Industria, ciencia y tecnología aparecen como claves para construir capacidades de largo plazo.<p>La tercera Argentina es la de la informalidad, la baja productividad y la exclusión en la que se encuentran amplias capas de la población. Para Kosacoff, el desafío no es simplemente asistirla, sino encontrar caminos para brindarle capacidades, formación, empleo y oportunidades de integración.</p><p>Las tres Argentinas no pueden pensarse como compartimentos estancos. El verdadero desafío del desarrollo es trabajar sobre las necesidades de cada una de ellas.</p>¿Por qué la industria?<p>La industria tiene una característica decisiva para el desarrollo: genera encadenamientos, vínculos con el resto de la economía. Una nueva actividad productiva demanda insumos, maquinaria, servicios profesionales, conocimiento y nuevas capacidades. Determinadas actividades pueden generar nuevas inversiones y empresas a su alrededor y modificar progresivamente la estructura productiva. Albert Hirschman llamó la atención sobre estos efectos de “enlace” hacia atrás y hacia adelante: el desarrollo no consiste simplemente en producir más, sino en generar conexiones capaces de multiplicar las oportunidades productivas.&nbsp;</p><p>Por eso, hablar de industria es hablar de capacidades. Y las capacidades no aparecen espontáneamente. Se construyen durante años, y hasta durante décadas.</p><p>Friedrich List, el economista alemán del siglo XIX planteó una idea que Ha-Joon Chang recuperaría mucho después en Kicking Away the Ladder (2002). Los países hoy desarrollados utilizaron protección, promoción industrial, políticas tecnológicas y otras herramientas para consolidar sus capacidades productivas y alcanzar posiciones de liderazgo internacional. No construyeron necesariamente sus capacidades productivas siguiendo desde el comienzo las mismas reglas de libre comercio que posteriormente recomendaron a otros.&nbsp;</p><p>La cuestión no es copiar mecánicamente esas políticas, sino saber que el desarrollo tiene historia y que las ventajas competitivas se construyen. Tampoco es hacer una defensa automática del proteccionismo, sino saber que el desarrollo es un proceso de construcción de capacidades y, por lo tanto, requiere estrategia.</p>¿Mercado interno o exportaciones?<p>En Argentina esta discusión suele plantearse como una disyuntiva: mercado interno versus exportaciones, pero quizás la cuestión sea otra: cómo lograr que ambos se refuercen.</p><p>Una economía compleja necesita exportar para generar las divisas que permiten sostener el crecimiento y financiar importaciones. Pero también necesita un mercado interno dinámico, que puede ofrecer escala, aprendizaje, desarrollo de proveedores e incorporación tecnológica.</p><p>Un problema cierto es que una economía puede necesitar simultáneamente expandir el consumo y la inversión internos y generar un superávit externo suficiente para financiar sus importaciones. Allí aparece uno de los dilemas macroeconómicos argentinos: cómo crecer sin que el crecimiento de la demanda vuelva a producir rápidamente una crisis de divisas.</p><p>El desafío es construir una relación virtuosa: que el mercado interno contribuya a desarrollar capacidades productivas y tecnológicas, y que esas capacidades puedan traducirse en mayor productividad y capacidad exportadora. A su vez, que las exportaciones no sean solo una fuente de divisas, sino también una oportunidad de aprendizaje e innovación.</p><p>Entonces, ¿Qué estructura productiva necesitamos para que ambos se potencien?&nbsp;</p><p>El planteo de Aldo Ferrer en La economía argentina: desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI (2004), continúa vigente. Su idea de desarrollo combinaba industrialización, innovación, mercado interno, estabilidad macroeconómica, empleo y distribución del ingreso. Hablaba de construir una economía “integrada y abierta”; integrada internamente pero abierta al mundo, capaz de generar tecnología y exportaciones, pero también de sostener una sociedad con empleo y demanda.</p><p>La discusión, entonces, no debería ser “cerrarnos o abrirnos”. Debería ser: ¿qué capacidades necesitamos construir para poder abrirnos al mundo sin quedar reducidos a aquello que el mundo ya nos compra?</p><p>La velocidad tecnológica parece arrasar todo.</p><p>Hay, sin embargo, una nueva cuestión. El cambio tecnológico actual parece avanzar a una velocidad que desafía el actual paradigma económico. Una tecnología puede transformar una industria completa en pocos años.</p><p>¿Tiene sentido entonces que cada país intente desarrollar sus propias capacidades? No se trata de desarrollar tecnología de frontera en todo, sino de tener capacidad de absorción. La diferencia entre importar una tecnología y tener capacidades para comprenderla, adaptarla, mejorarla y desarrollar riqueza a partir de ella puede ser decisiva.</p><p>En una época en la que el ritmo es inédito, la pregunta por las capacidades nacionales se vuelve todavía más importante porque un país puede tener recursos, capital, científicos, empresas y mercado, pero si no consigue articularlos en una estrategia sostenida, difícilmente esos activos se conviertan en desarrollo.</p><p>Aquí aparece Mariana Mazzucato con El Estado emprendedor (2013). Su planteo cuestiona la idea de que el Estado solamente debe corregir las fallas del mercado y dejar que la innovación ocurra exclusivamente en el sector privado. La investigación pública, las universidades, el financiamiento de largo plazo y las compras estatales pueden asumir riesgos que luego permiten la aparición de nuevas empresas, mercados y tecnologías.</p><p>Esto no significa reemplazar al sector privado. Significa reconocer que las grandes transformaciones tecnoeconómicas suelen requerir el desarrollo de ecosistemas donde Estado, empresas, universidades y sistema científico interactúen y generen sinergias de desarrollo.</p><p>El think tank Fundar plantea en La política industrial en el siglo XXI (2024), que necesitamos conectar mejor el conocimiento científico y tecnológico con el aparato productivo y construir una política industrial capaz de seleccionar objetivos, evaluar resultados y desarrollar capacidades estatales.</p>El mercado tampoco es una fuerza natural<p>Karl Polanyi aporta otra pieza a este rompecabezas. En La gran transformación (1944) mostró que los mercados no existen separados de las instituciones y de la sociedad que los organiza. Las reglas, derechos de propiedad, sistemas financieros, infraestructura, educación, moneda y legislación son parte de la arquitectura institucional sobre la cual funcionan los mercados.</p><p>Por eso, la discusión no debería ser simplemente “mercado o Estado”. Debería ser, ¿Qué instituciones necesitamos para que el mercado contribuya a construir las capacidades que nuestro país necesita?</p><p>Y aquí aparece uno de los desafíos centrales de la Argentina. Construir políticas que no sean ni protecciones eternas ni abandonos repentinos.&nbsp;</p>El debate central pasa por definir qué modelo de desarrollo necesita el país.<p>Hay empresas que necesitan integrarse más al mundo. Otras necesitan desarrollar productividad. Otras necesitan financiamiento, escala, tecnología o nuevas formas de organización. Algunas pueden ser futuras grandes exportadoras. Otras cumplen funciones decisivas por su empleo y por su presencia territorial aunque tengan escasas posibilidades de exportar.</p><p>Una política industrial moderna necesita objetivos, evaluación, plazos y exigencias de productividad, innovación y exportación. Fundar señala que la política industrial no debe ser solamente defensiva, debe promover inversión, investigación, productividad, exportaciones y nuevos sectores de alta intensidad tecnológica.</p><p>La industria, por lo tanto, no debería ser protegida por el simple hecho de existir, pero tampoco debería ser abandonada simplemente porque hoy no puede competir en igualdad de condiciones con empresas que operan con escalas, tecnologías o políticas estatales diferentes.</p><p>La cuestión es saber qué capacidades puede generar, qué encadenamientos produce, qué aprendizaje permite y qué objetivos puede alcanzar con políticas adecuadas.</p>Pensar en un país<p>La discusión sobre desarrollo debe recuperar una pregunta que parece sencilla, pero es compleja, y es económica, social y política:</p><p>¿Qué país vamos a construir?</p><p>¿Uno que se especialice en exportar recursos naturales?&nbsp;</p><p>¿Uno que aproveche esos recursos para generar cadenas de valor cada vez más sofisticadas?&nbsp;</p><p>¿Uno que desarrolle industrias capaces de exportar conocimiento?&nbsp;</p><p>¿Uno que convierta su sistema científico en nuevas empresas, tecnologías y soluciones productivas?</p><p>¿Uno que fortalezca sus instituciones para sostener capacidades generadas durante décadas, más allá de los ciclos políticos?</p><p>¿Uno que tenga un mercado interno capaz de generar empleo, aprendizaje y oportunidades para amplios sectores de la sociedad?</p><p>¿Uno que pueda hacer todo esto al mismo tiempo?</p><p>No hay una respuesta sencilla. Tampoco hay una receta universal, pero la historia económica muestra que los países desarrollados no llegaron a serlo simplemente porque dejaron que sus ventajas naturales determinaran qué producir y venderle al mundo. Construyeron empresas, conocimiento, infraestructura, instituciones, mercados y capacidades.</p><p>El mundo cambió. La velocidad tecnológica es otra. Las cadenas globales son más complejas. La inteligencia artificial transforma actividades enteras. El capital se mueve con una velocidad que hace más difícil sostener estrategias nacionales.</p><p>Argentina tiene activos valiosos. Tiene empresas con capacidades sofisticadas. Tiene recursos naturales. Tiene un mercado interno significativo. Tiene universidades, científicos, ingenieros y una historia industrial que constituye un activo que muchos países no poseen. La cuestión es cómo articularlos.</p><p>Que los recursos naturales generen divisas, pero también proveedores, tecnología e industria.</p><p>Que el mercado interno genere empleo, pero también aprendizaje y nuevas empresas exportadoras.</p><p>Que la ciencia produzca conocimiento, pero también nuevas actividades económicas.</p><p>Que el Estado financie riesgos, pero exija resultados.</p><p>Que las empresas inviertan, innoven, exporten y desarrollen proveedores.</p><p>Que la apertura al mundo sea una oportunidad para aumentar capacidades y no solo un mecanismo para reemplazar producción local por importaciones.</p><p>Que el desarrollo económico tenga también su dimensión social; que las capacidades creadas por una sociedad puedan ampliar las oportunidades de quienes hoy están afuera de sus circuitos productivos.</p><p>Desarrollar un país es construir la capacidad integrada de saber y decidir cómo generar riqueza y bienestar para la sociedad que imaginamos.</p><p>Quizás, entonces, se trate de pensar en un país, eso que une las partes, eso que integra la estructura. Como en el abanico.&nbsp;</p><p>Quizás, entonces, todas las preguntas remitan a una primigenia. Esa sobre la cual Argentina aún no genera consensos mínimos.&nbsp;</p><p>Esa pregunta inquietante y necesaria: ¿Qué país?</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/cP-KOVAvb7BOX7xHsNCKKEm6ik4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/10/argentina.webp" class="type:primaryImage" /></figure>¿Recursos naturales o industria? ¿Mercado interno o mundo? ¿Crecer o distribuir? Con empresas sofisticadas, ciencia y una historia industrial, la Argentina tiene con qué construir capacidades en un mundo de velocidad tecnológica inédita. Lo que todavía no tiene es un acuerdo sobre la pregunta que lo ordena todo: ¿Qué país queremos ser?]]>
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                                <updated>2026-10-05T11:37:22+00:00</updated>
                <published>2026-10-05T11:37:48+00:00</published>
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            Soberanía: esa vieja-nueva cuestión
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                <![CDATA[Micaela Mezzadra]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/soberania-esa-vieja-nueva-cuestion">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DCVbJpkgHNFBAAIdzk2NE3QaPmU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/argentina_soberania_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Cuando Jean Bodin la definió en 1576 como el “el poder absoluto y perpetuo de una República”, es decir, la capacidad de decisión sobre un territorio y su población; o cuando la Paz de Westfalia de 1648 consagró que ningún poder externo puede intervenir en los asuntos internos de un Estado, nadie pensaba en litio, en centros de datos ni en modelos de lenguaje. Y sin embargo pocas categorías políticas resultan hoy tan vigentes. La Cuarta Revolución Industrial (Schwab, 2016) está reescribiendo qué cuenta como recurso estratégico, y con ello qué significa ser un país soberano en el siglo XXI. La discusión actual sobre Inteligencia Artificial no inaugura el debate sobre soberanía tecnológica, lo resignifica.</p><p>La soberanía nunca fue solamente una cuestión jurídica. Siempre tuvo una dimensión material. Es soberano quien posee alguna capacidad efectiva para tomar decisiones y sostenerlas. Un país puede tener bandera, Constitución, territorio y representación internacional, pero si no controla su energía, sus recursos estratégicos, sus sistemas de comunicación, sus capacidades industriales o sus infraestructuras fundamentales que le permitan desarrollarse en el orden mundial vigente, su autonomía puede convertirse progresivamente en una ficción.</p>Del control del territorio al control de las infraestructuras.<p>Durante el siglo XX, la soberanía estuvo estrechamente asociada al control de recursos como el petróleo, el gas, los minerales, los alimentos y las rutas comerciales. En el siglo XXI esos recursos siguen siendo fundamentales pero se les suma una nueva capa: datos, capacidad de cómputo, semiconductores, software, telecomunicaciones y sistemas de Inteligencia Artificial. Esto no significa que los viejos recursos hayan perdido importancia. Al contrario: significa que han adquirido nuevos usos estratégicos.</p><p>La transición tecnológica está generando una competencia mundial por aquello que permite alimentar la infraestructura digital. Estados Unidos y China protagonizan la rivalidad más visible en materia de chips, Inteligencia Artificial y capacidad de cómputo. Pero la competencia involucra a muchas otras regiones. Taiwán ocupa una posición decisiva en la fabricación avanzada de semiconductores. Europa intenta reducir sus dependencias tecnológicas a través de regulación e inversión industrial. India busca fortalecer sus capacidades digitales. Los países productores de minerales críticos adquieren una importancia geoeconómica creciente.</p>Energía, ciencia y tecnología son claves para la autonomía nacional.<p>Vili Lehdonvirta, en el trabajo Cloud Empires: How Digital Platforms Are Overtaking the State and How We Can Regain Control (MIT Press, 2022), llama la atención sobre una desigualdad fundamental: la concentración geográfica de la capacidad de cómputo avanzada. Plantea que una parte importante del planeta corre el riesgo de convertirse en un “desierto de cómputo”, es decir, en una región capaz de consumir Inteligencia Artificial pero sin infraestructura suficiente para desarrollarla en condiciones de autonomía.</p><p>Aquí aparece una nueva definición posible de la soberanía. Ya no alcanza con preguntar quién posee los recursos. Hay que preguntar quién puede transformarlos, quién controla la infraestructura, quién posee la tecnología para convertir una materia prima en conocimiento, quién administra los datos y quién obtiene finalmente la renta económica.</p><p>Un país que exporta litio pero importa las tecnologías construidas con ese litio puede conservar la propiedad jurídica de un recurso y, al mismo tiempo, ocupar una posición subordinada en la cadena de valor. Lo mismo ocurre con el talento. Un país puede formar excelentes programadores que trabajen a distancia para empresas extranjeras generando ingresos para sus habitantes pero sin que esa capacidad se traduzca necesariamente en empresas nacionales, infraestructura propia, patentes, investigación o capacidades estatales.</p><p>La inserción internacional no es, por lo tanto, un problema de apertura o cierre. La cuestión es más compleja: en qué parte de la cadena de valor decide ubicarse un país.</p>La soberanía del futuro dependerá del control de datos e infraestructura.El peligro de nuevas formas de dependencia.<p>Sería ingenuo suponer que, porque las formas cambiaron, desaparecieron las relaciones de dependencia. Autores como Nick Couldry y Ulises A. Mejias, en su trabajo The Costs of Connection (Stanford University Press, 2019) han desarrollado el concepto de “colonialismo de datos” para describir la expansión de relaciones de apropiación sobre la información producida por la vida social. Kate Crawford, en The Atlas of AI: Power, Politics, and the Planetary Costs of Artificial Intelligence (Yale University Press, 2021), muestra cómo la IA depende de cadenas extractivas de minerales, energía, datos y trabajo. Karen Hao, en Empire of AI: Dreams and Nightmares in Sam Altman's OpenAI (2025), ha popularizado recientemente la idea de una nueva frontera imperial de la Inteligencia Artificial, donde grandes empresas tecnológicas extienden su poder sobre territorios, recursos y poblaciones de distintas partes del mundo.</p><p>La cuestión no consiste en afirmar que toda inversión extranjera es colonialismo ni que toda tecnología desarrollada fuera de las fronteras nacionales constituye una amenaza. El problema aparece cuando una relación de dependencia se vuelve estructural y no existen capacidades propias para negociar.</p><p>La diferencia es decisiva. Un país puede recibir inversión extranjera en condiciones de fortaleza relativa, estableciendo requisitos de transferencia tecnológica, asociación con universidades, contratación de proveedores locales, desarrollo de capacidades nacionales y protección de recursos estratégicos; o puede limitarse a ofrecer recursos baratos -energía, agua, minerales, territorio, datos y trabajo calificado- para que el mayor valor agregado se produzca en otro lugar.</p><p>La soberanía, en este sentido, no significa autarquía. Ningún país moderno produce por sí solo todos los componentes de un sistema de Inteligencia Artificial. La soberanía consiste más bien en poseer capacidades suficientes para que la interdependencia no se convierta en dependencia absoluta.</p>Argentina y sus recursos.<p>Argentina llega a esta transformación con una combinación particularmente interesante de recursos y capacidades.</p><p>Posee importantes recursos minerales, entre ellos litio y cobre, que resultan estratégicos para la transición energética y tecnológica (CEPAL, 2022). Tiene capacidad industrial, agua dulce, recursos energéticos y un extenso territorio. En determinadas regiones cuenta además con condiciones climáticas relevantes para la instalación de infraestructura tecnológica aunque ningún recurso natural, por sí mismo, garantiza desarrollo.</p><p>Argentina posee, sin embargo, otra ventaja menos visible: capital humano. Tiene una larga tradición en educación universitaria, investigación científica, ingeniería, informática y desarrollo tecnológico. Su ecosistema de programadores y profesionales de software constituye una fuente real de capacidades. El problema es que ese talento puede seguir dos caminos muy diferentes. Puede convertirse en la base de una economía nacional de alto valor agregado o transformarse en una suerte de “minería a cielo abierto del talento”, profesionales formados localmente cuya capacidad productiva es capturada principalmente por empresas y economías externas.</p>El litio es estratégico, pero el valor agregado define la diferencia.<p>La exportación de servicios tecnológicos puede ser positiva pero no debería ser el único horizonte. Un proyecto de soberanía tecnológica, del que vienen dando cuenta la literatura latinoamericana de CEPAL y la UNCTAD, exige preguntarse cómo transformar talento individual en capacidad colectiva: empresas, centros de investigación, infraestructura pública, modelos propios, sistemas de cómputo, desarrollo de software estratégico y aplicaciones destinadas a resolver problemas nacionales.</p><p>La Inteligencia Artificial ofrece aquí una oportunidad. Argentina no está en condiciones de competir inmediatamente con Estados Unidos o China en todos los segmentos de la frontera tecnológica pero tampoco necesita hacerlo. Puede desarrollar capacidades especializadas en sectores donde ya posee conocimiento: agroindustria, salud, energía, industria nuclear, satélites, logística, biotecnología, educación y clima, por enumerar algunos.</p><p>La pregunta más importante es: ¿qué capacidades tecnológicas necesita Argentina que aporten a resolver sus propios problemas y para participar con mayor autonomía en la economía mundial?</p>Energía, ciencia y tecnología: condiciones de la autonomía.<p>Si la IA será una tecnología cada vez más intensiva en energía, la política energética se convierte también en política tecnológica.</p><p>Esto vuelve especialmente relevante la discusión sobre las capacidades científicas y tecnológicas acumuladas por la Argentina, que posee una historia singular en materia nuclear. Desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica en 1950 (Decreto 10.936/50, 31 de mayo de 1950) y el desarrollo posterior de reactores, centros de investigación, producción de radioisótopos y centrales nucleares, Argentina construyó un entramado de conocimiento que no surgió espontáneamente ni de la importación ocasional de tecnología. Fue el resultado de décadas de formación de científicos, técnicos e ingenieros y de una política estatal de largo plazo. El propio informe nacional argentino sobre seguridad nuclear destaca que el reactor RA-1, puesto en funcionamiento en 1958, fue el primer reactor de investigación construido en América Latina.</p><p>Ese ejemplo permite comprender algo fundamental: las capacidades estratégicas pueden tardar décadas en construirse y, sin embargo, pueden deteriorarse mucho más rápidamente. Una nación no conserva soberanía tecnológica simplemente porque alguna vez haya desarrollado una tecnología. Debe sostener universidades, laboratorios, salarios capaces de retener investigadores, programas de formación, empresas tecnológicas y proyectos de largo plazo. Cuando esos sistemas se debilitan, no sólo se pierden empleos o presupuestos, se pierde trayectoria institucional.</p><p>En la economía de la Inteligencia Artificial, esta cuestión será todavía más importante. La disponibilidad de energía puede atraer centros de datos, pero tener centros de datos no equivale automáticamente a poseer soberanía tecnológica. Es necesario preguntarse quién es dueño de la infraestructura, quién controla el hardware, dónde están los datos, qué legislación los protege, qué conocimiento queda en el país y qué capacidad local se desarrolla a partir de esas inversiones.</p>El talento argentino representa una oportunidad para la economía digital.Soberanía en el siglo XXI.<p>Argentina no tiene por qué elegir entre dos extremos: aislamiento tecnológico o subordinación. Existe una tercera posibilidad: la inserción soberana.&nbsp;</p><p>Eso implica negociar inversiones pero negociar desde una estrategia nacional. Recibir capital extranjero pero exigir desarrollo local. Exportar recursos pero avanzar hacia su industrialización. Aprovechar el talento para exportar servicios pero construir también empresas y conocimiento propios. Utilizar plataformas globales pero desarrollar infraestructura pública y capacidades nacionales en áreas estratégicas.</p><p>La soberanía del siglo XXI no será la autosuficiencia absoluta. Será la capacidad de elegir las dependencias que un país acepta y aquellas que no.</p><p>Para Argentina, eso exige un plan que conecte recursos naturales, energía, ciencia y tecnología, industria y formación de recursos humanos. El litio sin industria puede ser extractivismo. El talento sin empresas nacionales puede ser dilapidación de trabajo calificado. La energía sin control de la infraestructura puede ser un subsidio territorial a la acumulación externa. Los datos sin jurisdicción propia pueden convertirse en una nueva forma de extractivismo.</p><p>Esos mismos elementos, articulados mediante una estrategia, pueden constituir una plataforma extraordinaria de desarrollo.</p><p>Quizás la mayor paradoja de nuestro tiempo sea que, en el momento de mayor sofisticación tecnológica de la historia, volvemos a discutir problemas aparentemente antiguos: quién controla el territorio, quién decide sobre los recursos, quién domina las rutas comerciales, quién posee la energía y quién tiene la capacidad de defender sus intereses.</p><p>Sólo que ahora las rutas comerciales también son cables submarinos y redes de datos. Las materias primas incluyen minerales críticos. Las fábricas son también centros de datos. Las fronteras atraviesan servidores. Y el poder militar, económico y cultural depende cada vez más de la capacidad de procesar información.</p><p>La soberanía no desapareció, sólo cambió de forma. En la era de la Inteligencia Artificial, un país soberano no será necesariamente aquel que produzca todo por sí mismo; será aquel que comprenda cuáles son las infraestructuras que sostienen su autonomía y sea capaz de defenderlas, desarrollarlas y ponerlas al servicio de un proyecto colectivo.</p><p>Argentina tiene recursos que el mundo necesita: agua, energía, minerales, territorio y conocimiento. Tiene una tradición científica y tecnológica que costó décadas construir. Tiene profesionales capaces de participar en la economía digital global. La cuestión es qué hará con todo eso.</p><p>La transición tecnológica mundial no espera. La Inteligencia Artificial está reorganizando la división internacional del trabajo mientras se escriben estas líneas. Algunos países construirán la infraestructura, diseñarán los sistemas y capturarán el mayor valor. Otros aportarán energía, minerales, territorio, datos y trabajadores. La discusión sobre la soberanía consiste, finalmente, en qué parte de esa ecuación quiere estar la Argentina.</p><p>No se trata de rechazar el mundo. Se trata de estar en él de forma estratégica.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/DCVbJpkgHNFBAAIdzk2NE3QaPmU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/09/argentina_soberania_1.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El dilema estratégico para el desarrollo nacional pasa por articular el litio, la energía y el capital humano para evitar nuevas formas de dependencia.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-09-10T23:09:33+00:00</updated>
                <published>2026-09-10T15:22:19+00:00</published>
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            El consultor en comunicación frente a la inteligencia artificial
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                <![CDATA[Robin Laight]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/el-consultor-en-comunicacion-frente-a-la-inteligencia-artificial">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Nv4mvZMBMSNkatCGHbjNhOYXu6s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/iinteligencia_artificial.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>La aparición de la inteligencia artificial (IA) está transformando profundamente el campo de la comunicación y, en consecuencia, el rol del consultor en comunicación.</p><p>Las organizaciones ya no solo necesitan estrategias tradicionales de prensa, publicidad o comunicación institucional, sino también profesionales capaces de interpretar datos, utilizar herramientas digitales inteligentes y gestionar la relación entre tecnología y personas.</p><p>En este contexto, el consultor en comunicación debe desarrollar nuevas habilidades que le permitan adaptarse a un entorno cada vez más dinámico, automatizado y competitivo.</p><p>Una de las principales habilidades que debe poseer es la capacidad de adaptación tecnológica. El consultor moderno necesita comprender cómo funcionan las herramientas de IA aplicadas a la comunicación, como los chatbots, los sistemas de análisis de datos, los generadores de contenido y las plataformas de monitoreo digital.</p><p>No se trata de reemplazar el criterio humano, sino de complementar el trabajo profesional mediante tecnologías que agilicen procesos y mejoren la toma de decisiones.</p><p>Otra competencia fundamental es el pensamiento estratégico. La IA puede procesar grandes volúmenes de información en pocos segundos, pero el consultor sigue siendo quien interpreta esos datos y los convierte en estrategias efectivas de comunicación.</p><p>Por ejemplo, mediante herramientas de análisis de tendencias en redes sociales, el profesional puede identificar comportamientos del público, anticipar crisis comunicacionales y diseñar campañas más precisas y personalizadas.</p><p>Además, el consultor debe fortalecer sus habilidades de creatividad y comunicación humana. Aunque la IA puede generar textos, imágenes o respuestas automáticas, todavía resulta indispensable la sensibilidad humana para construir mensajes auténticos, comprender emociones y generar vínculos de confianza con diferentes audiencias.</p><p>La empatía, la capacidad de negociación y el manejo de situaciones de crisis continúan siendo competencias exclusivamente humanas y altamente valoradas. La ética profesional también adquiere un papel central. El uso de IA en comunicación plantea desafíos relacionados con la privacidad de los datos, la desinformación y la manipulación de contenidos.</p><p>Por ello, el consultor debe actuar con responsabilidad, garantizando transparencia y un uso ético de las herramientas tecnológicas. La credibilidad de las organizaciones dependerá en gran medida de cómo se utilice la inteligencia artificial en sus estrategias comunicacionales.</p><p>En cuanto a su aplicación en la consultoría, la inteligencia artificial permite optimizar múltiples tareas. Puede utilizarse para analizar audiencias, automatizar respuestas en canales digitales, medir el impacto de campañas en tiempo real y generar reportes más precisos.</p><p>También facilita la segmentación de públicos y la personalización de mensajes, mejorando la efectividad de la comunicación organizacional. De esta manera, el consultor puede dedicar más tiempo al análisis estratégico y a la planificación creativa.</p><p>El autor es doctor en Comunicación y titular de la Agencia de Comunicación y Prensa.</p><p>&nbsp;</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Nv4mvZMBMSNkatCGHbjNhOYXu6s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/iinteligencia_artificial.webp" class="type:primaryImage" /></figure>La IA redefine el papel del consultor en comunicación, demandando habilidades tecnológicas, estratégicas y éticas para enfrentar nuevos desafíos.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-17T10:52:24+00:00</updated>
                <published>2026-07-17T10:52:22+00:00</published>
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            Arquitectura, arte y sentido: del gesto al espacio
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/arquitectura-arte-y-sentido-del-gesto-al-espacio" type="text/html" title="Arquitectura, arte y sentido: del gesto al espacio" />
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        <author>
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                <![CDATA[Rodrigo Agostini]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/arquitectura-arte-y-sentido-del-gesto-al-espacio">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8pIt14PNu9YBaunoH-UfOitS9rY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arquitectura.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>"La arquitectura no es más que la prolongación espacial de un estado del alma"</p><p>Le Corbusier</p><p>***</p>Introducción general<p>Esta serie de seis ensayos propone un recorrido a través de un siglo de arquitectura y arte, desde las vanguardias del inicio del siglo XX hasta el presente híbrido de nuestro tiempo. No es una historia lineal ni un catálogo de estilos, sino un viaje crítico por las ideas, tensiones y diálogos que han moldeado la forma de habitar en cada época.</p><p>1) Del gesto al espacio: arte y arquitectura desde las vanguardias al presente. Introducción panorámica que establece las claves del siglo XX y XXI, desde las primeras rupturas artísticas hasta el diálogo constante con la arquitectura.</p><p>2) La hora cero: cuando el arte decidió dejar de copiar. Futurismo, expresionismo, constructivismo y sus vínculos con la arquitectura visionaria de principios del siglo XX.</p><p>3) Bauhaus: síntesis o cruce de caminos. La integración de arte, diseño y arquitectura en la Escuela Bauhaus. Métodos, figuras clave y legados.</p><p>4) El espacio como emoción: la poética del racionalismo moderno. Le Corbusier (Charles Édouard Jeanneret Gris), Frank Lloyd Wright y Ludwig Mies van der Rohe, y la búsqueda de una arquitectura que combine eficiencia y emoción.</p><p>5) Contra el dogma: el regreso del símbolo. Posmodernismo, deconstructivismo y el arte como crítica al racionalismo institucionalizado.</p><p>6) Lo contemporáneo: entre el silencio y la tecnología. Arquitectura contemporánea entre la introspección de Tadao Ando, SANAA (Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa) y Peter Zumthor, la espectacularidad de BIG (Bjarke Ingels Group) y Norman Foster, y el impacto del arte inmersivo y lo virtual.</p><p>Cada ensayo no solo describe una etapa, sino que la interroga desde el presente, entendiendo que la arquitectura es siempre más que forma: es cultura, memoria, ética y una manera de estar en el mundo.</p>Cuando el arte empezó a construir<p>Hay gestos que nacen en la intimidad de un taller, en el trazo de un pincel o en la furia de un manifiesto, pero que terminan modelando ciudades enteras. El arte del Siglo XX no solo transformó la manera en que miramos: modificó la forma en que habitamos.</p><p>La arquitectura, a menudo percibida como una disciplina técnica, sujeta a normas, reglamentos y cálculos, se dejó atravesar por ideas radicales nacidas de artistas que querían cambiar el mundo.</p><p>Este ensayo recorre esa relación intensa y a veces conflictiva entre arte y arquitectura desde las vanguardias históricas hasta la contemporaneidad. Es un viaje de pasiones compartidas, rupturas necesarias y encuentros inesperados, donde ambas disciplinas se interrogan mutuamente. "Toda revolución artística es también una revolución del espacio", Giulio Carlo Argan.</p>La hora cero: el arte decide inventar<p>A comienzos del Siglo XX, el arte dio un paso que cambió su destino: abandonó la mímesis. Dejó de imitar lo que ya existía para inventar lo que aún no había sido visto. En ese salto, se abrió un campo nuevo para todas las artes, incluida la arquitectura.</p><p>El futurismo italiano, con Filippo Tommaso Marinetti a la cabeza, celebraba la velocidad, el peligro y la máquina como símbolos de un mundo que avanzaba sin mirar atrás.</p><p>El cubismo de Pablo Picasso y Georges Braque fragmentaba la perspectiva, mostrando simultáneamente múltiples puntos de vista. El expresionismo alemán distorsionaba las formas para expresar lo que la razón no podía sostener. En este clima, la arquitectura comenzó a imaginarse a sí misma más allá de la tradición.</p><p>Antonio Sant'Elia, en su "Manifiesto de la arquitectura futurista" (1914), describía ciudades de rascacielos conectados por pasarelas aéreas, trenes que atravesaban edificios y fachadas sin ornamento. Aunque sus ideas quedaron en el papel, anticiparon un imaginario que sigue vivo en las megaciudades contemporáneas.</p><p>En Rusia, el constructivismo propuso un arte funcional y colectivo. Vladímir Tatlin y El Lissitzky trasladaron la geometría radical y el rechazo al ornamento al ámbito arquitectónico, influenciando viviendas comunales y proyectos urbanos como los de Moisey Ginzburg. Estas no eran solo formas nuevas: eran propuestas para reinventar la vida cotidiana.</p>Síntesis de arte, técnica y ética<p>La Bauhaus no fue únicamente una escuela: fue una declaración de principios. Su propuesta era clara: el arte debía servir a la vida, y la vida moderna exigía un nuevo lenguaje. Walter Gropius entendió que el mundo de entreguerras necesitaba creadores capaces de pensar desde la unidad de las artes, no desde compartimentos aislados.</p><p>El método era radical: talleres donde convivían un maestro artista y un maestro artesano, para que el alumno aprendiera tanto de la teoría como de la práctica. El curso preliminar, diseñado por Johannes Itten y más tarde reformulado por László Moholy-Nagy y Josef Albers, no buscaba imponer estilos, sino ejercitar la mirada, la sensibilidad y la mano.</p><p>Esta integración de arte y técnica fue también una postura ética. La Bauhaus no rechazó la industrialización: la aceptó como un hecho y buscó humanizarla. Muebles como la silla Wassily de Marcel Breuer o las luminarias de Marianne Brandt mostraban que lo producido en serie podía ser bello, útil y accesible.</p><p>Su influencia en la arquitectura fue más allá de lo formal: instauró una manera de pensar el proyecto como un todo coherente, donde estructura, forma, color, material y uso se integran en una sola lógica. Una lección vigente hoy, cuando el diseño corre el riesgo de fragmentarse entre especialistas que rara vez dialogan.</p>El espacio como emoción<p>La modernidad arquitectónica pronto comprendió que la función por sí sola no bastaba. La Bauhaus había insistido en la integración entre forma y vida, pero el paso siguiente fue asumir que el espacio debía ser también experiencia.</p><p>Le Corbusier desarrolló la idea de la promenade architecturale, donde el recorrido del usuario se convierte en un guion. La Villa Savoye no es solo un manifiesto técnico; es una coreografía espacial: la luz, las vistas, los cambios de altura y los encuadres construyen un relato sensorial.</p><p>Mies van der Rohe llevó la claridad racionalista a una economía radical de medios. En la Casa Tugendhat, por ejemplo, los cerramientos desaparecen, el mobiliario es parte de la arquitectura y el espacio fluye sin rupturas. La emoción aquí surge de la precisión, de la serenidad que transmiten las proporciones y materiales.</p><p>Frank Lloyd Wright, desde un lenguaje propio, entendió la arquitectura como prolongación de la naturaleza. La Casa de la Cascada no es un objeto depositado sobre un paisaje, sino un entrelazado de plataformas y volúmenes que continúan la lógica del terreno. La emoción no proviene solo de la forma, sino del diálogo con el lugar.</p><p>En los tres casos, la lección es la misma: la arquitectura moderna no renunció a la poesía; simplemente la buscó en la estructura, en el recorrido y en la relación con el entorno.</p>Contra el dogma: el regreso del símbolo<p>El racionalismo moderno, convertido en "estilo internacional", se volvió predecible. Edificios funcionales, sí, pero repetitivos y ajenos a la identidad de sus contextos.</p><p>El posmodernismo respondió con ironía y memoria. Robert Venturi, en "Complejidad y contradicción en la arquitectura" (1966), defendió la riqueza de lo ambiguo y lo híbrido. Su "menos es aburrido" era una invitación a devolver complejidad al espacio. Aldo Rossi, por su parte, vio en la ciudad un artefacto de memoria: plazas, monumentos y edificios como huellas del tiempo.</p><p>El deconstructivismo, con Peter Eisenman o Daniel Libeskind, desarmó la arquitectura como un texto abierto, lleno de rupturas y lecturas múltiples. Esta actitud, aunque a veces excesivamente formalista, recuperó algo olvidado: que la arquitectura también comunica, y que su lenguaje puede ser tan abierto como el de la literatura o el arte contemporáneo.</p><p>Mientras tanto, instalaciones y performances artísticas empezaron a ocupar el espacio urbano, difuminando los límites entre obra de arte y obra arquitectónica. Este intercambio planteó nuevas preguntas sobre la autoría, la función y la experiencia del espacio.</p>Entre el silencio y la tecnología<p>El Siglo XXI ha traído una aparente paradoja: la coexistencia de arquitecturas que buscan la mínima expresión y otras que se expanden hacia el espectáculo. Tadao Ando trabaja con la luz y el silencio como materiales primordiales.</p><p>En la Iglesia de la Luz, un simple corte en forma de cruz convierte el hormigón en un espacio espiritual. SANAA diseña edificios que parecen disolverse en su entorno, donde el límite entre interior y exterior se vuelve difuso.</p><p>En el otro extremo, Bjarke Ingels combina infraestructura, ecología y ocio en proyectos que son a la vez máquinas funcionales y símbolos urbanos. La planta Waste-to-Energy en Copenhague es también un parque y una pista de esquí: una demostración de que lo técnico y lo lúdico pueden coexistir.</p><p>El arte contemporáneo, con figuras como Olafur Eliasson o Anish Kapoor, ha potenciado esta tendencia, diseñando espacios inmersivos que alteran la percepción y proponen experiencias físicas y sensoriales. La pregunta de Argan sigue vigente: ¿toda revolución artística es también una revolución del espacio? En la era digital, quizás debamos ampliar la respuesta: toda transformación cultural redefine también cómo habitamos.</p>A manera de Epílogo<p>Este es un espacio para la emoción, porque no existe arquitectura sin arte. Incluso el edificio más técnico nace de una intuición estética. La enseñanza arquitectónica debería recordar que el arte no es un accesorio inspirador, sino una condición esencial para que la construcción se transforme en un acto poético.</p><p>"La casa es nuestro rincón del mundo. Es nuestro primer universo", dijo alguna vez Gaston Bachelard. Y fue Walter Benjamin quien supo entender que "habitar significa dejar huellas". En definitiva: toda arquitectura empieza con un trazo; solo se vuelve verdadera cuando ese trazo logra emocionarnos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/8pIt14PNu9YBaunoH-UfOitS9rY=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/arquitectura.webp" class="type:primaryImage" /></figure>De las vanguardias modernas al presente híbrido, un viaje crítico por la forma de habitar.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-04T18:01:46+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T18:01:42+00:00</published>
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        <title>
            Una verdadera Caja de Pandora
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/una-verdadera-caja-de-pandora" type="text/html" title="Una verdadera Caja de Pandora" />
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        <author>
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                <![CDATA[Juan José Sagardia]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ff4B1Is1r9W6yZ6htcr26WAwXPo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/plataformas.webp" class="type:primaryImage" /></figure><p>Sin el conocimiento específico o especializado de lo que son las plataformas financieras (*), en sus diversos nombres, escribiré hoy sobre lo que creo que son para mí. Son las que te ofrecen, por ejemplo, que realices un depósito de 150.000 pesos con ellas, porque eso te permitirá recibir semanalmente una cifra tres veces superior, y mensualmente hasta 3.000.000 de pesos.</p><p>Los montos son supuestos, obviamente, pero con ellos buscan atraer a la gente, nuestro pueblo. A través a del celular me informo de mensajes del presidente de la Nación, de una senadora nacional, de periodistas reconocidos o importantes figuras de los medios y de las redes sociales haciéndoles publicidad, e invitando a un sector de la población a invertir en esta verdadera Caja de Pandora.</p><p>Entonces se me ocurre una pregunta fundamental: ¿será real que los personajes que menciono participan de esto o son "copiados" a través de simulaciones de IA, o algo por el estilo? ¿Si es así, nadie les informa a personajes públicos como el presidente y la senadora que se están utilizando sus nombres para promocionar algo que me parece irreal?</p><p>Y digo que me parece irreal por lo engañoso, aunque de ser así –si no fuera real la "oferta" financiera- supongo que los personajes involucrados ya lo hubieran desmentido. ¿Quién sabe, no? Este sistema es como un "Juego de las Finanzas" y como el gobierno nacional definió como "Economía" a toda actividad financiera (o financista), podrían tranquilamente estar promocionando algo que va contra la producción.</p><p>Por el contrario, ir a favor de la producción significaría apoyar las actividades productivas múltiples de diversa índole que se presenten, y a la vez impulsar la mano de obra formalmente empleada como sustento de la economía del país.</p><p>Estas plataformas que sean privadas y está bien que alguien les crea, allá ellos, pero que estén siendo publicitadas por los máximos responsables del Estado nacional es preocupante.</p><p>Es tanto el descrédito, que el ciudadano honesto tiene cierta desconfianza, que esto termine en algo no legal (al estilo del tema de las criptomonedas) y que los platos rotos los termine pagando el pueblo. Ahora bien, así como me entero yo lo hacen seguramente los señores que nos representan en nombre de la Justicia.</p><p>Espero que estén al tanto y que metan sus narices en esto que se fomenta: "¡Apostá a una plataforma!", "¡Dejá de trabajar!", "¡Viví como un holgazán". Así viven los financistas, hacen pingues negocios con el sudor de la frente de la gente, el pueblo. Respeto a quien hace inversiones genuinas en el mundo de las finanzas, pero yo prefiero la Patria Productiva a la Patria Financiera.</p><p>(*) Una "plataforma financiera" es una infraestructura digital o aplicación que permite gestionar operaciones bancarias, realizar inversiones en la bolsa, controlar gastos personales o acceder a créditos, entre otras cosas.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/Ff4B1Is1r9W6yZ6htcr26WAwXPo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/07/plataformas.webp" class="type:primaryImage" /></figure>El uso de personalidades reconocidas para publicitar plataformas financieras levanta sospechas sobre la veracidad de estas ofertas y su impacto en la economía.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-07-04T15:32:24+00:00</updated>
                <published>2026-07-04T15:30:24+00:00</published>
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        <title>
            La ambición humana de conquistar los cielos
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        <author>
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                <![CDATA[Rodrigo Agostini]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/la-ambicion-humana-de-conquistar-los-cielos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/46r7210p8RKUDyEWWko9L9OVYxk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/rascacielos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha mirado al cielo con una mezcla de asombro y ambición. La idea de construir estructuras que desafíen la gravedad y se eleven hacia las nubes ha sido una constante en la historia de la arquitectura. Desde las pirámides de Egipto hasta las catedrales góticas, la humanidad ha buscado dejar su huella en lo más alto.</p><p>Sin embargo, fue en el siglo XX cuando esta ambición alcanzó su máxima expresión con el surgimiento de los rascacielos, edificios que no solo transformaron el paisaje urbano, sino que también redefinieron los límites de la ingeniería y la arquitectura. La idea es explorar la evolución de los rascacielos, los desafíos técnicos que han enfrentado y su impacto en la vida moderna, tomando como referencia algunos de los edificios más emblemáticos de la actualidad.</p>Conquistar los cielos<p>La idea de construir hacia arriba no es nueva. Ya en 1956, el arquitecto Frank Lloyd Wright propuso un proyecto visionario: el Edificio de Una Milla (The Illinois); un rascacielos de una milla de altura (1.600 metros) que, de haberse construido, habría sido cuatro veces más alto que el Empire State Building. Aunque nunca se materializó, este proyecto reflejaba el deseo humano de superar los límites físicos y técnicos.</p><p>Wright imaginó una estructura que albergaría oficinas, viviendas y espacios públicos, anticipando la multifuncionalidad que caracteriza a los rascacielos modernos. Este sueño de conquistar los cielos no solo responde a una necesidad práctica de optimizar el espacio en ciudades cada vez más densas, sino también a un impulso simbólico: demostrar el poder económico, tecnológico y cultural de una sociedad. Los rascacielos se han convertido en símbolos de progreso y modernidad, representando la capacidad humana para desafiar las leyes de la naturaleza.</p><p>Históricamente, los rascacielos surgen como respuesta a la creciente urbanización y el encarecimiento del suelo en los centros urbanos. A finales del Siglo XIX, la industrialización trajo consigo una migración masiva hacia las ciudades, lo que generó una alta demanda de espacio habitable y comercial. Construir hacia arriba se convirtió en la solución más eficiente para albergar a una población creciente sin expandir indiscriminadamente el tejido urbano. Además, la aparición del ascensor y el desarrollo del acero estructural facilitaron la construcción de edificios más altos y funcionales.</p>La evolución: de Chicago a Dubái<p>La historia de los rascacielos modernos comienza en Chicago a finales del siglo XIX, con la construcción del Home Insurance Building en 1885, considerado el primer rascacielos del mundo. Con sus 10 pisos y estructura de acero, este edificio sentó las bases para una nueva era en la arquitectura. Sin embargo, fue en Nueva York donde los rascacielos alcanzaron su máximo esplendor durante la primera mitad del siglo XX, con iconos como el Empire State Building y el Chrysler Building.</p><p>En las últimas décadas, el centro de gravedad de la arquitectura de rascacielos se ha desplazado hacia Asia y Oriente Medio, donde ciudades como Dubái, Shanghái y Singapur han competido por construir los edificios más altos y espectaculares del mundo. El Burj Khalifa, inaugurado en 2010 en Dubái, es un ejemplo paradigmático de esta nueva era. Con sus 828 metros de altura, no solo es el edificio más alto del mundo, sino también un testimonio de los avances en ingeniería y diseño. Su estructura en forma de Y, inspirada en la flor del desierto, permite distribuir el peso de manera eficiente y resistir los fuertes vientos del desierto.</p><p>Los avances tecnológicos han permitido que los rascacielos se conviertan en verdaderas ciudades verticales. En ellos se concentran viviendas, oficinas, centros comerciales, hoteles y hasta parques y jardines en altura. Esta configuración permite reducir la huella urbana y optimizar la infraestructura, creando nuevos modelos de habitabilidad en altura. Hoy en día, proyectos como The Line en Arabia Saudita proponen un urbanismo completamente vertical y sostenible, en el que los rascacielos se conciben como ecosistemas urbanos autosuficientes.</p>Desafíos técnicos y soluciones innovadoras<p>La construcción de rascacielos implica superar una serie de desafíos técnicos, desde la resistencia de los materiales hasta la gestión del viento y los terremotos. Uno de los mayores retos es garantizar la estabilidad de estructuras tan altas. Para ello, los ingenieros han desarrollado sistemas de amortiguación y contrapesos que permiten a los edificios oscilar ligeramente sin colapsar. Los núcleos estructurales reforzados con mega-columnas y diagonales de acero han sido clave en la evolución de la estabilidad de estos edificios.</p><p>Otro desafío crucial es la gestión de la movilidad interna. Los rascacielos requieren ascensores de alta velocidad y sistemas de transporte vertical eficientes para evitar congestión en sus núcleos. Hoy en día, los avances en inteligencia artificial permiten optimizar la circulación mediante algoritmos que gestionan el flujo de personas en tiempo real, minimizando los tiempos de espera y mejorando la experiencia de los usuarios.</p><p>El consumo energético es otra gran preocupación. Los rascacielos modernos están incorporando tecnologías innovadoras como fachadas fotovoltaicas, ventilación pasiva, sistemas de captación de agua de lluvia y estrategias de diseño bioclimático para reducir su impacto ambiental. En algunos casos, estos edificios están comenzando a integrar granjas verticales y espacios verdes interiores para mejorar la calidad del aire y fomentar la autosuficiencia.</p>Impacto en el paisaje urbano<p>Los rascacielos han transformado las ciudades en escenarios futuristas donde el espacio vertical se convierte en el recurso más valioso. Representan el poder económico de las corporaciones y los gobiernos que los construyen, funcionando como marcas urbanas que redefinen la identidad de las ciudades. Estas estructuras no solo albergan oficinas o viviendas, sino que también crean un ecosistema urbano en altura donde todo está interconectado.</p><p>Sin embargo, su impacto también conlleva desafíos. La proliferación de rascacielos puede generar exclusión social, pues estos espacios suelen estar destinados a las élites económicas. Además, el aumento de la densidad poblacional en zonas verticales puede generar problemas de movilidad y acceso a espacios públicos. A pesar de esto, los rascacielos han logrado redefinir el concepto de ciudad, planteando nuevos paradigmas en la forma en que vivimos y nos relacionamos con nuestro entorno.</p>Reflexión final<p>Los rascacielos son la máxima manifestación del ingenio humano, estructuras que desafían la gravedad y nos acercan al cielo. Son símbolos de poder, ambición y avance tecnológico, reflejando la capacidad de la humanidad para transformar el mundo a su imagen. Con cada nueva torre que se levanta, reafirmamos nuestra búsqueda de lo inalcanzable.</p><p>Como dijo César Pelli: "Los rascacielos son mucho más que edificios altos; son el símbolo de una era, de una civilización que no se conforma con lo dado, sino que busca lo extraordinario". Así, en el horizonte de las ciudades, los rascacielos seguirán siendo testigos del progreso, elevándose como monumentos de nuestro tiempo y nuestra visión del futuro.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/46r7210p8RKUDyEWWko9L9OVYxk=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/rascacielos.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha mirado al cielo con una mezcla de asombro y ambición. La idea de construir estructuras que desafíen la gr...]]>
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                                <updated>2026-03-20T11:30:08+00:00</updated>
                <published>2026-03-20T11:28:32+00:00</published>
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            Inteligencia Artificial y poder global: la Cumbre de Nueva Delhi
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        <author>
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                <![CDATA[Micaela Mezzadra]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/inteligencia-artificial-y-poder-global-la-cumbre-de-nueva-delhi">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7-WLNXzwUw1k3LincrDFi7b5bd0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/cumbre.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La Cumbre recientemente ocurrida en Nueva Delhi entre el 16 y el 21 de febrero, la India AI Impact Summit no fue simplemente una conferencia tecnológica. Fue el escenario donde quedó a la vista que la Inteligencia Artificial dejó de ser un asunto de tecnología para convertirse en un factor estructural del poder internacional. Así como el petróleo definió autonomías y dependencias durante el siglo XX, el acceso a la cadena de producción y funcionamiento de la Inteligencia Artificial se perfila como un nuevo elemento central del poder en el siglo XXI.</p><p>La cumbre reunió a gobiernos, grandes empresas tecnológicas, startups y organismos internacionales. Su resultado más visible fue la “Declaración de Nueva Delhi”, suscripta por casi noventa países y organismos, que establece un marco voluntario para el desarrollo responsable de la IA. El documento proclama que la tecnología debe ser "inclusiva, ética, transparente y de beneficios distribuidos globalmente", haciendo foco en la importancia de su uso para promover el desarrollo.</p><p>Convocó a debatir no sólo el impacto de la IA en las dimensiones sociales, económicas y ambientales, sino también su potencial como herramienta para abordar esas mismas problemáticas. Propuso discutir no sólo los impactos de la IA, sino su papel como solución a infraestructura para el desarrollo y para la acción climática.</p><p>Colocó en el centro una idea que atravesó todo el encuentro: la IA como herramienta de desarrollo inclusivo para el Sur Global. El documento impulsa su aplicación en sectores críticos -salud, educación, agricultura, acción climática y servicios públicos y en ese marco, el fortalecimiento de capacidades locales.</p><p>La cumbre reunió a gobiernos, grandes empresas tecnológicas, startups y organismos internacionales.</p><p>La cumbre también planteó una gobernanza abierta y representativa de la IA. La demanda de mayor participación de los países en desarrollo en la definición de las reglas globales fue la expresión política de una tensión real entre quienes producen las tecnologías y quienes las adoptan sin intervenir en su diseño ni en sus condiciones de uso. Ese reclamo se articuló con el compromiso de avanzar hacia una IA confiable y responsable, sustentada en principios de transparencia, seguridad, reducción de sesgos y protección de derechos.</p><p>No logró acuerdo en crear una autoridad global de IA ni en reglas obligatorias comunes y cada bloque mantiene su propio modelo. No creó mecanismos reales de acceso al cómputo ni de financiamiento a gran escala ni de compartir capacidad de entrenamiento. Tampoco consigió consenso sobre la soberanía de datos y los modelos abiertos versus propietarios.</p><p>Detrás de ésta conversación global residen las dinámicas y pujas profundas: quién controla la infraestructura, quién captura el valor que la IA genera y quién define las reglas de su funcionamiento.</p>La cadena de valor: dónde se juega el poder real<p>Para entender la puja en curso es necesario descomponer la IA en sus capas constitutivas. La IA es una cadena de valor con eslabones bien diferenciados, cada uno con sus propios actores dominantes.</p><p>En la base está la infraestructura física: tierra, energía, agua para enfriamiento, cables submarinos y centros de datos. Los tres grandes proveedores de nube —Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud— dominan el mercado occidental, mientras Alibaba, Huawei y Tencent hacen lo propio en Asia. Los cables submarinos, arterias del flujo global de datos, son territorio de disputa entre consorcios occidentales y la empresa china HMN Tech, cuya expansión en África y Asia ya fue bloqueada parcialmente por Occidente. La tierra, energía y agua para centros de datos están distribuidas en varias regiones -Estados Unidos, Europa, China, Singapur, Japón, otras que se consolidan -India, Golfo y Países Nórdicos y otras que se proyectan -Patagonia argentina, Norte de Africa y Asia Central.</p><p>Sobre esa base se asienta la capa de cómputo: los chips. El diseño lo lidera NVIDIA en Estados Unidos, pero la fabricación más avanzada ocurre en Taiwán, con TSMC, y en Corea del Sur, con Samsung. Las máquinas de litografía EUV indispensables para producir esos chips provienen de un único proveedor: la empresa neerlandesa ASML. Cuatro países, entonces, concentran el corazón físico de la IA: Estados Unidos, Taiwán, Corea del Sur y los Países Bajos.</p><p>Luego vienen los modelos fundacionales, que son los grandes sistemas de lenguaje e imagen que fijan estándares tecnológicos y los datos que los entrenan. Finalmente, las aplicaciones: el nivel donde la IA se traduce en soluciones concretas para sectores productivos, donde se convierte en ingresos y ventaja competitiva. Es en este último eslabón donde países sin capacidad de desarrollar infraestructura o modelos propios pueden aún encontrar un lugar de inserción con valor agregado.</p>Estados Unidos: hegemonía bajo presión<p>Washington sigue dominando las capas críticas del sistema. Controla el diseño de chips, los modelos fundacionales más avanzados, OpenAI, Google DeepMind, Anthropic, Meta, y los grandes proveedores de nube. Su posición en la cumbre fue coherente con esa posición de fuerza: regular poco para innovar rápido. El objetivo estratégico es doble: mantener la ventaja frente a China y evitar que el modelo regulatorio europeo se consolide como estándar global.</p><p>La alianza con India, reforzada en este encuentro, responde a esa lógica. Estados Unidos necesita socios tecnológicos confiables que no sean Europa -con quien tiene tensiones regulatorias, ni China, con quien compite sistémicamente. India cumple ese rol con eficacia creciente.</p>China: el único competidor sistémico<p>Beijing juega en una categoría propia. Es el único país que dispone de un ecosistema tecnológico propio casi completo: chips -con ciertas limitaciones en los nodos más avanzados, infraestructura, datos a escala masiva, modelos propios y aplicaciones integradas. La relación entre el Estado y las empresas tecnológicas es parte de una estrategia deliberada de soberanía digital.</p><p>Su presencia en la cumbre fue más discreta, reflejo del proceso de bifurcación del sistema tecnológico global. Aun así, su influencia es omnipresente: los modelos chinos de código abierto, como DeepSeek, están empujando los costos hacia abajo y cambiando el acceso a la IA para los países en desarrollo. Si China logra en algún momento desarrollar su propia capacidad de litografía EUV, hoy monopolio de ASML en Holanda, el mapa del poder tecnológico global cambiaría de manera radical.</p>Europa: poder normativo, dependencia tecnológica<p>La Unión Europea llegó a Nueva Delhi con una credencial particular: el AI Act, la regulación más comprehensiva sobre Inteligencia Artificial aprobada hasta el momento. Su apuesta histórica es repetir con la IA lo que logró con el GDPR en materia de datos personales: que su marco normativo se convierta en referencia mundial. Su narrativa en la cumbre fue la de una IA "centrada en las personas, segura y trazable".</p><p>Sin embargo, Europa enfrenta una contradicción estructural: su poder normativo es alto al tiempo que su soberanía tecnológica es limitada. No domina los modelos fundacionales -con la excepción parcial de la francesa Mistral, ni la infraestructura de nube. Depende de chips, plataformas y modelos desarrollados fuera de sus fronteras. Su única carta de poder tecnológico duro es ASML, cuya posición monopólica en litografía EUV le otorga, a los Países Bajos y por extensión a Occidente, un poder de veto real sobre el desarrollo de semiconductores de cualquier país que quede fuera de esa cadena de suministro. China ya lo experimentó.</p>India: la ganadora política<p>La anfitriona fue, sin dudas, el actor que más capitalizó la cumbre. India no lidera todavía la producción de semiconductores ni los modelos más avanzados, pero combina una escala de mercado de 1.400 millones de personas, una base de talento de ingeniería enorme, datos en cantidad y calidad crecientes, y una estrategia estatal con objetivos claros: construir capacidad de cómputo propia, desarrollar modelos multilingües fundacionales y posicionarse como el hub de IA del Sur Global.</p><p>India presentó su modelo de infraestructura pública digital —identidad, pagos y gestión de datos, conocido como India Stack— como una arquitectura replicable sobre la cual otros países en desarrollo podrían desplegar soluciones de IA orientadas al bien público, y no solo a la productividad corporativa.</p><p>Su concepto de "IA frugal" -accesible, multilingüe, orientada a servicios públicos- introduce un enfoque que no es solo tecnológico sino político: la IA como herramienta de desarrollo y no únicamente de productividad corporativa. Geopolíticamente, India opera como socio tecnológico de Estados Unidos, contrapeso frente a China y portavoz de los países emergentes. Se consolida como una bisagra estratégica.</p>Asia Oriental y el Golfo: manufactura, capital e infraestructura<p>Japón, Corea del Sur, Singapur y los Emiratos Árabes Unidos no aspiran a dominar los modelos fundacionales, pero ocupan posiciones estratégicas en la cadena. Corea del Sur fabrica los chips más avanzados y domina la memoria de alto rendimiento indispensable para entrenar modelos. Japón lidera en robótica e industria avanzada. Singapur se consolida como nodo regional de datos y talento. Los Emiratos, con su posición de Arabia Saudita como par, invierten masivamente en infraestructura de cómputo y buscan convertirse en polo de data centers con ventajas energéticas. Ninguno pretende reordenar el sistema, pero todos se están asegurando posiciones de alto valor en la cadena.</p>África: base material del sistema y territorio en puja<p>El continente posee el 70% del cobalto mundial, además de cobre, platino y tierras raras, todos insumos indispensables para fabricar GPUs, construir data centers y sostener las redes eléctricas que alimentan el sistema. África se perfila como la base material del sistema de la IA.</p><p>A eso se suma que se está convirtiendo en nuevo espacio de despliegue de infraestructura digital con cables submarinos, regiones cloud y data centers. Para 2050 una de cada cuatro personas del planeta será africana, lo que implica nuevos mercados, nuevos datos y una fuerza laboral de magnitud. En ese contexto, el continente es hoy escenario de competencia activa entre China, que avanza con infraestructura y financiamiento, Estados Unidos, con sus empresas, e India, con soluciones de bajo costo adaptadas a mercados emergentes.</p>América Latina: el riesgo de la reprimarización digital<p>La región llegó a Nueva Delhi fragmentada, sin posición común y sin anuncios de infraestructura regional. Esa ausencia no es un detalle: es un síntoma. América Latina corre el riesgo de repetir con la IA un patrón histórico de inserción global: proveer insumos -en este caso, datos- sin capturar el valor que generan. La "reprimarización digital" es una tendencia posible si no se adoptan estrategias nacionales o regionales activas. Brasil se destaca con una estrategia basada en atraer infraestructura de cómputo y escalar el uso productivo de la IA con política industrial y regulación propia, para ganar autonomía tecnológica y liderazgo regional.</p><p>Sin infraestructura de cómputo regional, sin empresas que operen infraestructura de computación en la nube propios, con baja inversión en I+D y con marcos regulatorios fragmentados, la región difícilmente pueda competir en las capas superiores de la cadena de valor. Sin embargo, hay una ventana de oportunidad en el eslabón de las aplicaciones: la IA aplicada a sectores donde América Latina ya tiene ventajas comparativas reales. Agrotecnología, energía, minería inteligente, biotecnología y servicios basados en conocimiento son los campos donde la región puede desarrollar soluciones exportables de alto valor.</p>Argentina: talento, potencial y tensión estructural<p>Argentina encarna con particular claridad la tensión entre limitaciones y oportunidades. Las debilidades son evidentes: ausencia de infraestructura de cómputo soberana, estabilidad macroeconómica bajo revisión, baja inversión sostenida en I+D y una tendencia preocupante a la emigración de talento calificado.</p><p>Las fortalezas también son reales. El país cuenta con un ecosistema científico-tecnológico consolidado, talento reconocido en software y ciencia de datos y sectores productivos complejos que generan información de alta calidad. La agroindustria argentina es una de las más tecnificadas del mundo y ofrece un campo fértil para desarrollar modelos predictivos de rendimiento, optimización climática, trazabilidad inteligente y gestión de insumos. El sector energético, Vaca Muerta, renovables y nuclear puede incorporar IA en exploración, mantenimiento predictivo y eficiencia operativa. La bioeconomía y los servicios profesionales de alto nivel completan un conjunto de nichos donde el talento local puede combinarse con la IA para generar soluciones exportables.</p><p>El lugar estratégico posible es el de un proveedor de IA aplicada de alto valor agregado para los sectores en los que Argentina ya es competitivo globalmente. Es un nicho pequeño en el mapa mundial pero propio, sostenible y difícil de replicar por otros.</p><p>La cumbre y el mapa del poder: una síntesis</p><p>La cumbre de Nueva Delhi convocó a mirar la IA desde la perspectiva del desarrollo y fijó un nuevo marco narrativo de la IA como infraestructura para lograrlo. Puso en la mesa el debate sobre su gobernanza y legitimó al Sur Global como actor, pero no generó instrumentos para redistribuir el poder material ni creó reglas globales obligatorias. Es más bien un acuerdo político general de dirección.</p><p>También dejó una definición de época. La IA ya no es solo una tecnología: es un sistema que reorganiza el poder global y redefine las estrategias de desarrollo. Nueva autonomías y dependencias están configurándose en base a lo computacional. Los países que no desarrollen capacidades propias en algún eslabón de la cadena quedarán rezagados frente a quienes sí lo hagan. Claro está que el poder en la era de la IA ya tiene ciertas configuraciones.</p><p>La pregunta es en qué dinámicas económicas y políticas se van a configurar en los próximos tiempos en torno de la IA. Dependerán del lugar de cada quien, en su cadena de valor, del poder de países y regiones para imponer que haya reglas, y luego de participar en la definición de esas reglas. Todo lo cual sucederá algo más rápido de lo que imaginamos</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/7-WLNXzwUw1k3LincrDFi7b5bd0=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/03/cumbre.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La cumbre de Nueva Delhi marca el pasaje de la IA como industria a la IA como sistema geopolítico global y un punto de inflexión en el orden internacional, donde el poder se definirá por los eslabones estratégicos de su cadena y por la capacidad para fijar sus reglas.]]>
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                                <updated>2026-03-20T12:40:07+00:00</updated>
                <published>2026-03-06T10:14:23+00:00</published>
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        <title>
            La ley de Modernización Laboral que reforma sin mirar la inteligencia artificial y la digitalización
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                <![CDATA[Gonzalo Fracchia]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JQtgAYxo2TIN5YQOqhYwrnx0tnI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/02/inteligencia_artificial.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El proyecto de ley de Modernización Laboral fue debatido por más de 12 horas y luego votado en el Senado de la Nación para su posterior tratamiento en la Cámara de Diputados. La discusión incluyó aspectos directos de los eventuales efectos, positivos y negativos, para empleados y empleadores, pero nada relativo a su etimología.</p><p>Moderno proviene del latín modernus, que a su vez deriva del adverbio modo, el cual significa "hace poco", "recientemente" o "justo ahora". Con el paso de los siglos , especialmente a partir del Renacimiento, la palabra dejó de significar sólo "lo actual" para empezar a significar "lo nuevo" o "lo avanzado" en contraposición a lo antiguo o tradicional.</p><p></p><p>Si uno busca “lo nuevo" o "lo avanzado" en el plano laboral actualmente, las mayores discusiones se centran en el plano tecnológico, con una digitalización ya establecida hace años y un avasallamiento de la inteligencia artificial (IA) en casi todos los rubros.</p>Inteligencia artificial<p>El proyecto de la ley de Modernización Laboral, irónicamente, no menciona explícitamente ni implícitamente el término "inteligencia artificial" ni tampoco fue incluido en las 28 modificaciones establecidas durante las negociaciones previas con los “dialoguistas” que se llevaron su parte.</p><p>La sesión sí tuvo algunas intervenciones alusivas. La senadora por la provincia de Mendoza, Anabel Fernández Sagasti, del bloque Justicialista, manifestó: “¡Hace un mes y medio que venimos viendo que la Inteligencia Artificial ya pasó de ser una interfaz de preguntas y respuestas, y crea agentes que hacen cosas reales en la vida real! ¿Esta ley qué dice de eso? ¿Qué dice esta ley de modernización?”.</p><p>&nbsp;</p><p></p><p>&nbsp;</p><p>“La verdad es que el Gobierno es fantástico para la comunicación: moderna, IA y todo esto. Ahora, no hay nada en esta ley que atienda lo de la inteligencia artificial ni nada. La verdad es que no lo encuentro, y la leí toda”, expresó María Carolina Moisés por Jujuy de Convicción Federal.</p><p>Enrique Martín Goerling Lara del PRO por Misiones también hizo un comentario en relación: “La Inteligencia Artificial nos pasa por arriba. Cualquier información hoy está a la mano de todos en un teléfono celular. Habría que preguntarle a la Inteligencia Artificial qué va a pasar con el mundo del trabajo en el corto plazo o la cantidad de empleo que va a reemplazar, que ya lo está haciendo”, indicó sobre el cierre de su tiempo, pero votó igualmente a favor.</p>Lo que sí está<p>El texto sí introduce menciones a regulaciones fundamentales sobre la digitalización y el trabajo mediante plataformas tecnológicas o definiciones concretas preexistentes, pero que tampoco ocuparon un plano central en la disyuntiva.</p><p>El proyecto dedica un título completo (Título XII) a regular los servicios de movilidad y reparto que utilizan aplicaciones. La “Plataforma Tecnológica” se define como la persona jurídica que gestiona un "código ejecutable" en aplicaciones para conectar prestadores independientes con usuarios.</p><p>Sobre la transparencia de algoritmos se indica que los prestadores tienen derecho a conocer los criterios utilizados por las plataformas para su agrupación. Estos criterios deben expresarse en lenguaje claro y estar disponibles de forma digital.</p><p>Se establece la libertad de conexión, permitiendo al prestador aceptar o rechazar solicitudes a través de la aplicación según su conveniencia.</p><p>Las plataformas también deben garantizar instancias de atención a través de "operadores y/o recepcionistas" para que los prestadores obtengan justificaciones sobre decisiones que afecten su operatoria, evitando una gestión puramente automatizada.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/JQtgAYxo2TIN5YQOqhYwrnx0tnI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/02/inteligencia_artificial.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>El Senado de la Nación aprobó el proyecto que ahora irá a Diputados. El texto presenta pocos aspectos de “moderno”.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-02-13T12:53:17+00:00</published>
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            El desafío de la industria argentina: entre la tradición manufacturera y la economía del conocimiento
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        <author>
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                <![CDATA[Micaela Mezzadra]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/el-desafio-de-la-industria-argentina-entre-la-tradicion-manufacturera-y-la-economia-del-conocimiento">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IeYadse3YkVGtYLreo6sZ5bmgpE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/02/el_desafio_de_la_industria_argentina_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Aunque en medio de una coyuntura compleja la industria argentina tiene una nueva cita histórica. Mientras el mundo transita la Cuarta Revolución Industrial, el tejido productivo nacional enfrenta el desafío de actualizarse aprovechando su capacidad manufacturera tradicional, al tiempo que emerge un robusto sector de economía del conocimiento que ya representa el tercer complejo exportador del país.</p>Cuarta Revolución Industrial e Industria 4.0<p>La Cuarta Revolución Industrial viene desarrollándose desde finales de los años 90 y principios de los 2000, se consolida a partir de la década del 2010 y trae la fusión de tecnologías que permiten integrar cada vez más las esferas física, digital y biológica. Incluye la creciente convergencia de internet, la computación móvil, sensores, nanotecnología, biotecnología y posteriormente internet de las cosas (IoT), big data, computación en la nube, impresión 3D, robótica avanzada y la inteligencia artificial. Según Klaus Schwab (2016), fundador del Foro Económico Mundial, se distingue de las anteriores por tres características fundamentales: su velocidad de cambio exponencial, su alcance sin precedentes y el impacto sistémico en todos los aspectos de la producción, la economía, la sociedad y hasta el cuerpo humano.</p><p>En su contexto, y colocando el foco en la transformación industrial, surge el concepto de Industria 4.0 en la Feria de Hannover de 2011 en Alemania, que fue adoptado como política de Estado alemana en 2013. La Industria 4.0 es la manifestación en el piso de fábrica de lo que la Cuarta Revolución Industrial representa para toda la civilización.</p><p>Refiere a una nueva manera de producir mediante la adopción de tecnologías 4.0: soluciones enfocadas en la interconectividad, la automatización y los datos en tiempo real. Incluyen sistemas ciber-físicos, sensores inteligentes, manufactura aditiva, realidad aumentada, ciberseguridad y análisis de datos masivos. Estos componentes permiten crear las denominadas "fábricas inteligentes" donde máquinas, productos y sistemas intercambian información de forma autónoma para optimizar procesos en tiempo real.</p><p>La transformación no se limita a la producción; reconfigura toda la cadena de valor desde los procesos de elaboración hasta la gestión empresarial, las relaciones con clientes y proveedores y los modelos de negocio centrados en la digitalización y en el trabajo colaborativo. Países considerados desarrollados y otros de industrialización reciente han adoptado estrategias que representan la Industria 4.0 con diferentes nombres, enfoques y especializaciones. Los más destacados son Alemania, Estados Unidos, China, Japón y Corea del Sur y Brasil en la América Latina.</p>Industria 4.0 en Argentina: un diagnóstico heterogéneo<p>La adopción de tecnologías 4.0 en Argentina muestra velocidades muy diferentes según el sector productivo y el tamaño de las empresas. Esta heterogeneidad refleja tanto las características intrínsecas de cada industria como su nivel de exposición a la competencia internacional.</p><p>&nbsp;</p><p>El estudio Travesía 4.0: Hacia la transformación industrial argentina, publicado por el BID-INTAL (Banco Interamericano de Desarrollo), CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) y la UIA (Unión Industrial Argentina) en 2020, ofrece un diagnóstico riguroso sobre la penetración de estas tecnologías en el país. Los resultados, basados en encuestas a empresas de seis ramas manufactureras mostraban que "en términos de adopción tecnológica, el pasaje hacia la Industria 4.0 en Argentina recién comienza". La adopción, parcial y heterogénea, sucede en convivencia de tecnologías de diferentes generaciones incluso dentro de una misma empresa. La tasa de adopción en grandes empresas 20% superior a la media nacional. Tales tendencias continúan.</p><p>En Argentina, los sectores exportadores de commodities como la minería, la producción de hidrocarburos y el agro muestran mayor nivel de penetración de tecnologías 4.0, lo que amplía la brecha de productividad respecto a los sectores no transables. La necesidad de competir globalmente y los altos volúmenes de inversión impulsaron la adopción temprana de tecnologías como IoT para monitoreo de procesos, big data para optimización de operaciones y sistemas de automatización avanzada. Tenaris, por ejemplo, implementó hace más de 20 años modelos colaborativos con YPF para provisión just-in-time, incorporando tecnologías de tracking y gestión de inventarios en tiempo real.</p><p>&nbsp;</p><p>El sector automotriz, aunque más limitado que en Brasil o México, fue históricamente pionero en automatización. Las terminales instaladas en el país incorporan sistemas robóticos para el ensamblaje y control de calidad. Sin embargo, la dependencia de casas matrices limita la capacidad de innovación local en procesos productivos.</p><p>En sectores como servicios y logística, empresas como Mercadolibre lideran la transformación digital en logística y comercio electrónico, implementando sistemas de automatización en centros de distribución, inteligencia artificial para predicción de demanda y robótica para manejo de inventarios. Este sector muestra cómo la presión competitiva acelera la adopción tecnológica.</p><p>Según el estudio del BID (2020), las PyMEs manufactureras tradicionales del sector textil, alimentos, metalmecánica y construcción muestran los menores niveles de adopción tecnológica. Existe un porcentaje importante de firmas operando aún con tecnologías de primera y segunda generación y las tecnologías 4.0 son aún de uso marginal.</p><p>Las limitantes son múltiples: sumadas a la discontinuidad de las políticas públicas en el mediano plazo; las principales son restricciones de capital, falta de capacitación del personal, incertidumbre sobre el retorno de inversión y dificultades para acceder a financiamiento y resistencia al cambio y la innovación. Estas últimas evidencian que el desafío no es meramente tecnológico sino también cultural y organizacional.</p>La economía del conocimiento: un nuevo pilar productivo<p>Mientras la industria tradicional transita su modernización con velocidades dispares, Argentina viene desarrollando un sector de economía del conocimiento, que abarca software y servicios informáticos, producciones audiovisuales, biotecnología, ingeniería, servicios profesionales especializados y desarrollo de videojuegos; que se consolida como motor de crecimiento. Datos de Argencon (2024, 2025) muestran que las exportaciones de servicios basados en conocimiento alcanzaron un récord histórico entre julio de 2024 y junio de 2025, representando un crecimiento interanual del 20,8% que duplica el promedio mundial del 9,5% reportado por la OMC. El informe muestra que este desempeño la posiciona como el tercer complejo exportador del país, detrás del oleaginoso y el energético, superando incluso al sector automotriz.</p><p>Según el Observatorio de la Economía del Conocimiento del entonces Ministerio de Desarrollo Productivo (2019), Argentina es el país con mayor cantidad de unicornios tecnológicos por habitante de la región y posee el 30% de las startups de deeptech en América Latina, compartiendo el liderazgo con Brasil y es líder regional en habilidades tecnológicas y ciencia de datos, con fortalezas notables en visualización y gestión de datos, programación estadística e ingeniería de software.</p>La sinergia necesaria: el futuro a construir<p>El verdadero potencial transformador surge de la trabajosa pero necesaria sinergia entre la industria manufacturera tradicional y la economía del conocimiento. Esta convergencia ya está ocurriendo en varios frentes. Si bien las tecnologías 4.0 son una compleja articulación, y requiere de inversión, es posible que surjan y se consoliden procesos de adopción escalonados y progresivos. Para comenzar, las capacidades desarrolladas en el sector de software permiten crear soluciones específicas para la industria manufacturera local.</p><p>El potencial de impacto transversal es significativo. Desde la metalmecánica y la construcción hasta el comercio y los servicios profesionales, todas las ramas productivas pueden beneficiarse de la digitalización, el análisis de datos y la automatización. Muchas de las actividades de la economía del conocimiento tienen el gran potencial de aumentar la productividad de la industria argentina. El desafío es acompañar a las empresas tradicionales en su camino progresivo hacia las capacidades 4.0, empezando por la implementación de sistemas de gestión y digitalización hasta la organización estratégica de su producción.</p><p>Argentina se encuentra en una encrucijada -una más- para continuar su transformación industrial. Por un lado, cuenta con activos significativos: un tejido industrial diversificado, capital humano altamente calificado en ciertas áreas, capacidades científico-tecnológicas desarrolladas y un sector de economía del conocimiento dinámico. Por otro lado, enfrenta limitaciones estructurales de alta heterogeneidad del tejido industrial, de financiamiento, de infraestructura y de formación de recursos humanos especializados.</p><p>&nbsp;</p><p>Es necesario construir puentes. La industria manufacturera tiene la posibilidad de aprovechar las capacidades locales en software, ingeniería y servicios profesionales para digitalizarse y modernizarse. La economía del conocimiento puede aprovechar la existencia del aparato productivo argentino como mercado local para desarrollar sus servicios. Ésta construcción tiene varias dimensiones.</p><p>Una pertenece a la esfera de las políticas públicas de diferentes niveles de lo estatal. Otra a los programas de las organizaciones empresariales y sectoriales que puedan fomentar y consolidar éstas tendencias. Y otra pertenece a las dinámicas de adopción tecnológica y generación de capacidades que se puedan generar dentro de las empresas a partir de la concientización y la inversión, en un momento en que es necesario accionar para no perder espacio en medio de la fuerte competencia nacional y principalmente internacional. Quienes queden rezagados saben que más tarde o más temprano pueden entrar en riesgo.</p><p>La Cuarta Revolución Industrial y la Industria 4.0 ya están transformando cadenas de valor, modelos de negocio y mercados laborales en todo el mundo. ¿Argentina -y cada empresa- tomará ésta nueva posibilidad de insertarse en esta transformación de forma inteligente y estratégica, construyendo sobre sus fortalezas manufactureras históricas y las capacidades en economía del conocimiento que el país ofrece? Esto no es el futuro: el desafío es mayúsculo y está aquí. También lo están las oportunidades.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/IeYadse3YkVGtYLreo6sZ5bmgpE=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/02/el_desafio_de_la_industria_argentina_1.jpeg" class="type:primaryImage" /></figure>La industria argentina enfrenta el desafío de integrar tecnologías del sector de la economía del conocimiento, que emerge como nuevo motor exportador.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-02-13T12:39:44+00:00</published>
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            Patria… ¿Qué nos pasó?
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                <![CDATA[Juan José Sagardia]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M8E_fRLMHACmaxmBeSv-poh85fw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/01/en_los_ultimos_treinta_anos_argentina_sufrio_repetidas_crisis_economico_financieras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Voy a comentar algo sobre una entidad social de la salud, la educación, farmacias, clínicas médicas, Departamento de Obras, correo, Casa para Adultos, Panteón, Central Telefónica, asociados en todo el país (aproximadamente 200 mil) y actividades en otros sectores. Promedio de personal, 1.700 asalariados.</p><p>Todo comenzó en el año 1994 y ahora llegan al final de 2025, tras treinta y un años de labor. Haciendo un rápido análisis, se puede decir que durante veintiséis años pudieron crecer, comprar propiedades, construir edificios y dar trabajo, pero hoy nada se puede proyectar.</p><p>Por eso pregunto: ¿Qué nos pasó? Es decir... ¿Qué pasó en nuestra patria en los últimos treinta años? Aunque en realidad podría preguntar qué nos pasó desde 1945 hasta hoy. Son ochenta años.</p><p>Hemos tenido todas las crisis que podamos imaginar: inflación galopante; el famoso uno a uno; la eliminación de trece ceros a nuestra moneda (el tan querido y vapuleado peso); corralitos; Indec falso; creación de impuestos "provisorios por un año" que terminaron quedándose toda la vida; subsidios del tenor y por el motivo que busquemos, además de corrupción casi endémica,... ¿Qué más nos falta?</p><p>Hemos requeridos cuantos préstamos en dólares se nos cruzó. Préstamos que al día de la fecha nos obligan a recaudar para pagar los intereses que generan y nos dejan sin posibilidades o esperanza de pagar sobre el capital.</p><p>Llegamos al último gobierno 2019-2023 y a esta organización de la que hablo la desfinanció una verdadera "política de politiquerías", que podríamos llamar "busca votos".</p><p>De hecho, del que llamo "Estado Nacional Unitario" nadie habla, pero los cierto es que estos dos años del nuevo gobierno de la nación reflejan incertidumbre, porque hay varios planes, pero el necesario "Plan de Austeridad y Eliminación de Impuestos" brilla por su ausencia.</p><p>La organización de la que hago mención, durante veintiséis años -dentro del periodo que va de 1994 a 2025- pudo comprar viviendas, construir edificios y todo lo antes detallado, pero desde hace cinco años nada se ha podido hacer. Al contrario, tuvo que vender propiedades.</p><p>Un ejemplo: en 2018 una persona en forma individual pudo adquirir su propiedad en $1.600.000, pero hoy no se puede comprar a menos de $40.000.000. ¿Qué nos pasó? ¿En qué nos equivocamos?</p><p>La pregunta, haciendo honor a la verdad, no debiera ser: "¿En qué nos equivocamos?" No. Tendría que ser: "¿Quienes nos gobernaron, en qué se equivocaron?" ¿Por qué no le explican al pueblo en qué se equivocaron en vez de echarle siempre la culpa al otro? ¿No hay responsables de lo que nos pasó?</p><p>&nbsp;</p><p>Vemos a tantos ciudadanos sin trabajo, a comerciantes y a empresarios fundidos -que están en la misma situación que la Entidad que pongo de ejemplo-, pero a los políticos no. ¿Esos señores que nos han gobernado en estos treinta y un años, por no decir los últimos ochenta años, no deberían rendir cuentas? en qué se gastó el dinero de los ciudadanos de nuestro país.</p><p>Mientras los ciudadanos pagamos impuestos y nos fuimos descapitalizando, la gran mayoría de los gobernantes, muy tranquilos, mejoraron su bienestar personal, asegurándose el futuro. Nada que ver con lo que le ocurrió a los ciudadanos.</p><p>En forma paralela, al lado de esta increíble falta de rendición de cuentas, sobresale el infartante nivel de desvío del dinero público; desvío a manos de políticos y no justamente porque hayan hecho inversiones productivas.</p><p>Dentro de la democracia tenemos tres estamentos: el Poder Ejecutivo, el Poder Legislativo y el Poder Judicial. Sabemos a grandes rasgos cuáles son las responsabilidades de cada uno de ellos. Pero normalmente los ciudadanos ponemos el foco en lo que hace el Ejecutivo y raras veces -o en ocasiones muy especiales- nos preguntamos por los controles que deben hacerse desde los otros ámbitos.</p><p>En estos ochenta años trasncurridos, o en estos treinta últimos años... ¿cuál fue el rigor del pedido de explicaciones y las denuncias del Legislativo? ¿Cuál fue el nivel de respuesta y respaldo del Judicial al reclamo de la gente?</p><p>Mi sospecha es que nunca levantaron la voz en representación del pueblo. Y por eso digo que estamos como Chapulín Colorado: "¿Y ahora... quién podrá defendernos?". Hemos bancado semejantes tropelías en contra de nuestra producción, de nuestro trabajo y nuestro futuro.</p><p>¿Por qué nos pasó esto y no reaccionamos? Si fuéramos pragmáticos, y en realidad existieran, tendríamos que "contratar" CEOs para que gobiernen; especialistas en "Administración Estatal" y probar unos veinte años con ellos. Previa aclaración: ¡Políticos abstenerse!</p><p>Por todo lo que cuento, repito una y mil veces... ¿Patria, qué nos pasó? ¿Patria, qué podemos hacer? ¿Podemos hacer algo para que esta patria "unitaria", no se vuelva "absolutista"?</p><p>El pueblo manso siempre es el que se tiene que doblegar, pero es hora que quienes asumieron la responsabilidad de gobernar le muestren fidelidad, actuando dentro de lo que indican la ética y la moral. No vaya a ser, que algún día ese pueblo manso, se canse.</p><p>El dólar, flagelo argentino</p><p>Después de ser un adulto mayor y un opinador, llegó a mis manos una estadística del "Costo del Dólar" y entonces no me queda otra cosa que concluir: el tema dólar es una verdadera estafa. En 2001 el valor de esta moneda era de $ 1. A fines de 2025, $ 1.475.</p><p>Estamos hablando de un crecimiento del 1.500% y eso me genera las siguiente preguntas: ¿Nosotros, el pueblo, dónde quedamos? ¿Dónde está nuestro crecimiento?</p><p>Oportunamente supe opinar y manifesté que el valor del dólar lo determinaban el presidente de la Nación, su ministro de Economía y el titular del BCRA. Y a partir de esa definición, preguntaba si lo fijaban de acuerdo a su real entender y saber, o tenían una fórmula.</p><p>Me quedé con una visión en particular: que lo hacían de acuerdo a su opinión y sus intereses. Para no hacerlo más extenso: los Fernández que gobernaron desde 2019 a 2023, de $63 lo llevaron a $800, mientras que el actual gobierno, de 2023 a 2025 lo llevó de $800 a $1.475.</p><p>Cuando veo el resultado de estos últimos tres años, donde la Argentina dejó de crecer y tanto los independientes como los asalariados lo notamos en el día a día, surje una lógica pregunta:</p><p>¿A quién benefició el aumento del dólar? ¿El actual gobierno lo podrá explicar? ¿Para qué aumentaron el valor del dólar si no sirvió para la producción y solamente sirvió para la especulación? ¿Quién paga esta "joda"? ¡Nosotros! ¡El pueblo!</p><p>Ahora bien... ¿por qué tendría que improtarnos a los "ciudadanos de a pie" el valor del dólar? Es hora de reclamar otras cosas: una política de austeridad y de eliminación de impuestos; el seguimiento constante y el control exhaustivo de lo que hacen los que gobiernan.</p><p>Que se termine el manejo inescrupuloso de semejante cantidad de dinero del erario público sin vergüenza y sin sanciones. Mientras los ciudadanos comunes estamos desilusionados y endeudados, esos grupos gritan: ¡Viva la pepa!</p><p>Mi propuesta para los que nos gobiernan es que liberen el dólar y que nosotros nos "jodamos" si así lo queremos, pero que el Estado "no nos cuide más" con sus políticas. O que algún erudito que nos informe cómo es la fórmula que se aplica para determinar el valor del dólar.</p><p>Lo que están haciendo hoy no sirve para la producción, solamente sirve para la especulación. Tengo la sensación de que nos están engañando. Por eso, si sirve -auqnue a esta altura no creo- voy a utilizar una máxima de Domingo Faustino Sarmiento: "Eduquemos al soberano". Al pueblo, si se les explica, lo va a entender.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/M8E_fRLMHACmaxmBeSv-poh85fw=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/01/en_los_ultimos_treinta_anos_argentina_sufrio_repetidas_crisis_economico_financieras.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En nuestro país, el aumento del dólar no ha favorecido la producción, generando dudas sobre las políticas económicas y beneficiando solo a la especulación.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-01-07T10:41:25+00:00</published>
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            Menos dólar, más metal
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                <![CDATA[Pablo Benito]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bFQA2BHDrTSMcUDt_Vey7QR6EQg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Diversificar reservas y depender un poco menos del dólar sería la lectura. Nadie desafía, por ahora, al águila del norte a enterrarlo, pero sí a no poner todos los huevos en la misma canasta verde. El oro volvió a ser lo que siempre fue: reserva sin bandera, sin sanciones y sin riesgo de bloqueo.</p>Escasez real, no humo financiero<p>A diferencia de otras modas de mercado, en 2025 pasó algo concreto: faltó oro físico. Hubo más demanda que oferta, primas más altas y demoras en entregas. Cuando el problema es la escasez real y no el Excel, el precio se defiende solo. Eso empujó fuerte a las mineras, que le ganaron por goleada a muchos índices bursátiles. El mercado entendió que, si el oro vale más y escasea, el que lo saca de la tierra juega con ventaja.</p><p>Uno de los grandes ganadores de esta tendencia fue Barrick Gold, una de las compañías mineras más grandes del mundo, con fuerte presencia en Argentina. Actualmente, su cotización ronda los US$ 19,50 por acción, con una suba superior al 20% en el año, de la mano del rally del oro y de la estabilidad de sus operaciones en minas clave.</p><p>2025 dejó una enseñanza simple: cuando el sistema duda, el mundo vuelve a lo básico. </p>Barrick Gold: la historia de un negocio redondo<p>Pero mientras Barrick y otras mineras ganan miles de millones con la explotación del oro en Argentina, el fisco se queda con una porción muy chica de esa torta. Las retenciones a las exportaciones de oro son mínimas, casi simbólicas, en comparación con los márgenes que obtienen las empresas. La historia de la minería en provincias como San Juan es conocida: ingresos gigantes para las multinacionales y regalías, al menos para el Estado irrisorias.</p><p>&nbsp;</p><p>Barrick explota yacimientos como Veladero y Lindero, dos de las principales fuentes de oro del país. Sin embargo, con la onza en máximos históricos, las retenciones a la minería apenas superan el 5%, dejando a las compañías con ganancias extraordinarias y al Estado con una tajada flaca.</p><p>La comparación es inevitable: mientras el agro argentino paga retenciones que en algunos cultivos superan el 30%, la minería metalífera tributa un porcentaje varias veces menor. Al campo se le cobra por exportar lo que produce año tras año; al oro, que es finito y no vuelve a crecer, se le pide poco y nada. Paradójicamente, el sector más renovable es el más castigado y el más extractivo, el más mimado.</p><p>En otros países, incluso con menos recursos naturales que Argentina, las regalías y cargas sobre la minería son más altas. Acá, en cambio, el oro sigue siendo un negocio de puertas giratorias, donde entra la riqueza y sale rápido, dejando poco en el camino.</p>El oro como poder (y no como nostalgia)<p>En un mundo de inteligencia artificial, monedas digitales y mercados hipersensibles, el oro volvió a decir presente. No porque sea moderno, sino porque no depende de nadie. No se imprime, no se licúa y no pierde valor por un tuit desafortunado. GLD es la denominación del ETF del valor nominal de la materia prima por el cuál y más allá del análisis político- ideológico, los pequeños podemos aprovechar el viento de cola.</p><p>2025 dejó una enseñanza simple: cuando el sistema duda, el mundo vuelve a lo básico. Y ahí, como siempre, el oro aparece último… pero cobra primero.</p>]]>
                </content>
                                                <summary type="html">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/bFQA2BHDrTSMcUDt_Vey7QR6EQg=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2026/01/ia.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Los grandes protagonistas del rally del oro 2025 no fueron los pequeños ahorristas como, ingenuamente, podríamos creer, sino los bancos centrales. China, Rusia, India, Turquía y Polonia salieron a comprar oro como quien guarda dólares debajo del colchón… pero a escala nación.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2026-01-07T10:16:07+00:00</published>
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            Retenciones Cero: ¿un negocio para pocos?
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/retenciones-cero-un-negocio-para-pocos" type="text/html" title="Retenciones Cero: ¿un negocio para pocos?" />
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                <![CDATA[Ricardo Roccaro]]>
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        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/retenciones-cero-un-negocio-para-pocos">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aAT1B6-uKii_6Me8Pwpq4wCmhCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/01/soja.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El 22 de septiembre pasado se publicó en el Boletín Oficial el Decreto Nº 682/2025, mediante el cual se fija en cero (0) % la alícuota a una serie de productos incluidos en un anexo, que contiene a la soja, al trigo, al maíz, al girasol y al sorgo, con sus respectivos subproductos. Pero este beneficio fue otorgado de manera transitoria y contempla dos posibilidades: vigencia hasta el 31 de octubre del corriente año o hasta el día que se alcance la suma de siete mil millones de dólares en declaraciones juradas de ventas al exterior, lo que ocurra primero.</p><p>En una primera instancia, funcionarios del gobierno nacional habían anunciado solo la vigencia al 31 de octubre. Es muy probable que el agregado del tope monetario (alcanzar los siete mil millones de dólares) fuera consecuencia de declaraciones vertidas por el Secretario del Tesoro de Estados Unidos, cuestionando la medida de eliminación de retenciones, como un factor condicionante del apoyo de su gobierno. Su postura tiene una lógica que encuadra en el hecho que nuestras economías no son complementarias, sino competitivas.</p><p>Además, los exportadores que quieran ser beneficiarios por este Decreto deben liquidar al menos el 90 % de las divisas declaradas en la Declaración de Ventas al Exterior, en un plazo de hasta tres días de efectivizada dicha declaración. ¿Qué se pretendería lograr con esta medida? El objetivo declarado del gobierno a través de este mecanismo transitorio, es lograr un mayor ingreso de divisas al Banco Central de la República Argentina (BCRA), para mejorar así su nivel de reservas.</p><p>¿Qué piensan los sectores potencialmente beneficiados? En términos generales, estos sectores aprueban cualquier nivel de disminución en las alícuotas sobre los Derechos de Exportación (usualmente llamados retenciones), pues históricamente vienen sosteniendo la idea que es un tributo distorsivo. Y esta medida impactaría favorablemente en la competitividad en el comercio internacional, aunque está la lógica observación de la transitoriedad de tal medida, que de alguna manera demuestra que se puede tratar de un parche, resultado de una necesidad coyuntural, y no por un total y absoluto convencimiento de su conveniencia.</p><p>Tres días después de la publicación del Decreto de referencia, cinco grandes cerealeras de capitales extranjeros cubrieron el 80 % del cupo, y el 20 % restante lo completaron cerealeras de capitales nacionales. Esto nos lleva a hacernos otra pregunta: ¿Pudieron muchos productores acogerse al beneficio? La respuesta es no.</p><p>Siguiendo el razonamiento, cabe otro interrogante: ¿Las grandes cerealeras comprarían bienes de capital para mejorar la productividad? Es muy probable que la respuesta pueda ser no, porque la principal actividad económica de estas empresas es el procesamiento y la comercialización, y no la producción, pues mayormente, adquieren los granos a los productores.</p><p>¿Qué aplicación le podrán dar esas cerealeras al beneficio de vender las divisas al BCRA? Es también probable que vuelvan a comprar divisas, y las sostengan a la espera de una muy posible devaluación que podría ocurrir con posterioridad al acto eleccionario del 26 de octubre, recuperando un importante porcentaje de divisas que previamente se vieron motivados a vender, lo cual generaría un impacto negativo en el nivel de reservas del BCRA.</p><p>Ahora, pensando desde el lugar del Estado, nos podemos preguntar: ¿Cuál sería el costo tributario? El costo tributario estaría consignado en la no percepción de los Derechos de Exportación. Menos recursos para las arcas del Estado, lo que impactaría negativamente en el objetivo de evitar el tan remanido déficit fiscal. ¿Los beneficios fueron para los productores? En principio, no. ¿Aumentarían mucho las reservas del BCRA? Muy probablemente, no.</p><p>Imaginaría suponer que el resultado final de esta medida será:</p><p>* Mayor rentabilidad para las grandes cerealeras (en su mayoría extranjeras),</p><p>* Ningún o mínimo beneficio para los productores agropecuarios y</p><p>* Menor nivel de recaudación para el Estado Nacional.</p><p>Tenemos que tener en cuenta que cuando se piensa en sostener el equilibrio fiscal, no solo se debe especular en no sumar gastos que de acuerdo al criterio de las autoridades del gobierno pueden ser improductivos, sino también en cuidar el ingreso de recursos, que por supuesto, son siempre escasos.</p><p>Y, ante este tema en particular, con el efecto que puede impactar a la macro y a la micro en la Argentina, surge formular algunas reflexiones:</p><p>* Se renuncia a la obtención de recursos para favorecer a grandes exportadores.</p><p>* Se niegan recursos para: la actualización de haberes jubilatorios; cubrir necesidades de personas con discapacidad; solventar políticas universitarias y de investigación; sostener la salud pública y trabajar en el mantenimiento de rutas nacionales.</p><p>Las decisiones políticas implican determinar prioridades.</p><p>¿Serán éstas las prioridades que como sociedad queremos validar?</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/aAT1B6-uKii_6Me8Pwpq4wCmhCI=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/01/soja.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El 22 de septiembre pasado se publicó en el Boletín Oficial el Decreto Nº 682/2025, mediante el cual se fija en cero (0) % la alícuota a una serie de...]]>
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                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2025-09-30T10:41:44+00:00</published>
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            Cómo preparar a las nuevas generaciones para liderar el futuro de las empresas familiares
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Jael Itzcovitch]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/como-preparar-a-las-nuevas-generaciones-para-liderar-el-futuro-de-las-empresas-familiares">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wFJ2msuKcXkHTXQi4PrIggvutm4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/09/empresas_familiares.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Durante décadas, las empresas familiares fueron gestionadas bajo una lógica de continuidad vertical, donde la sucesión era un mandato más que una opción. Los tradicionalistas, los baby boomers, y las generaciones anteriores fueron educados bajo el principio de responsabilidad: “esto es lo que te toca, hacelo bien”. Muchas veces sin espacio para elegir, sin preguntar si eso era lo que realmente deseaban. El esfuerzo, la lealtad y el sacrificio estaban por encima de los deseos personales.</p><p>En ese marco, la felicidad personal no era una variable por considerar. Importaba sostener el apellido, la reputación y la estructura del negocio. Muchos siguieron ese camino, pero también muchos lo hicieron a costa de su bienestar emocional o de relaciones familiares quebradas.</p><p>La realidad actual: el dilema de la generación X</p><p>Hoy, los líderes que pertenecen a esa generación X viven un dilema complejo. Muchos de ellos heredaron una empresa familiar sin haberla elegido realmente, y saben lo que significa sentir esa presión. Por eso, cuando les toca educar a sus hijos, quieren hacer algo distinto. No quieren repetir la historia. No quieren imponer. Quieren que sus hijos sean felices, auténticos, libres.</p><p>Y en ese deseo profundo, aparece un nuevo conflicto: en nombre de esa libertad, muchas veces no comparten con sus hijos el mundo de la empresa. No los exponen a las dificultades, los desafíos, ni al valor real del legado. Quieren protegerlos. Pero en ese intento de no condicionar, terminan alejándolos.</p><p>Como resultado, muchos jóvenes no sienten conexión con el negocio familiar. No lo conocen, no lo valoran, no lo sienten propio. Y sin pertenencia, no hay deseo de continuar.</p><p>¿Qué hacemos con esta nueva realidad?</p><p>El desafío actual no es forzar una continuidad, sino construir una conexión genuina. Que el acercamiento a la empresa familiar sea una opción, no una carga. Que el vínculo con el legado se base en tres pilares: libertad, vocación y habilidades personales. Y para eso, se necesitan espacios donde los jóvenes puedan explorar esas dimensiones.</p><p>Allí es donde los Grupos Estim se presentan como una solución estratégica. Un espacio donde cada joven puede conocer la historia de su familia, identificar sus talentos, y preguntarse cuál es su lugar posible. Sin presión. Sin mandato. Con acompañamiento y comunidad.</p><p>Grupos Estim ayuda a convertir un mandato silencioso en un propósito compartido. A transformar una herencia en una posibilidad. Y a reconstruir una relación con la empresa familiar que no se base en el deber, sino en la elección consciente. En Latinoamérica, el 85% de las empresas son familiares, pero pocas logran una transición exitosa de una generación a otra. En Argentina, según datos de PwC, solo el 30% de las empresas familiares logran llegar a la segunda generación y menos del 15% a la tercera. Esta fragilidad en la continuidad se explica, en gran parte, por la falta de procesos sistemáticos de preparación para las nuevas generaciones.</p><p>A nivel global, cifras similares refuerzan este diagnóstico: de acuerdo con el Family Firm Institute (FFI), apenas el 12% de las empresas familiares sobreviven hasta la tercera generación. Estas estadísticas ponen en evidencia que la preparación intencional y estructurada no es solo deseable, sino imprescindible.</p><p>En ese contexto, la pregunta ya no es si hay que preparar a los más jóvenes, sino cómo hacerlo de forma eficaz, respetuosa y sostenida.</p><p>Preparar a la siguiente generación no es transferir un mando: es generar un proceso que permita a los futuros herederos conocerse, aprender, conectar con su historia y construir su propia visión de futuro. Muchas veces, las familias caen en la trampa de querer "formar líderes" sin crear el espacio emocional, relacional y estructural para que esos líderes puedan realmente emerger.</p><p>Allí es donde los Grupos Estim marcan una diferencia. Diseñados específicamente para jóvenes vinculados a empresas familiares, los grupos ofrecen un espacio confidencial, guiado y entre pares, donde cada participante puede explorar su propio rol, fortalezas y deseos. Lejos de imponer un camino, Estim propone una metodología que favorece el descubrimiento personal, la construcción de comunidad y el desarrollo de herramientas concretas.</p><p>Porque preparar no es imponer. Es acompañar con estructura, con comunidad y con autenticidad. Y eso requiere conciencia. Conciencia de que el cambio generacional no es solo una transición de nombres en el organigrama. Es una transformación profunda de expectativas, formas de liderar, lenguajes emocionales y motivaciones personales. Las nuevas generaciones ya no se sienten motivadas solo por la estabilidad económica o el deber familiar. Buscan sentido. Propósito. Autenticidad.</p><p>Los padres y madres que hoy lideran las empresas familiares están cada vez más abiertos a esta realidad. Entienden que la felicidad de sus hijos no puede nacer de la imposición de un destino que no eligieron. Y, sin embargo, viven una encrucijada dolorosa: muchas veces necesitan que sus hijos se involucren, porque el futuro del negocio depende de ello. Pero también saben que obligarlos puede romper vínculos, dañar la confianza o provocar desmotivación.</p><p>¿Cómo balancear ese dilema? La respuesta no es lineal. Pero sí empieza con una condición fundamental: generar conversaciones honestas, profundas y continuas. Abrir el juego a la exploración. Crear espacios donde los jóvenes puedan ir reconociendo su lugar sin presión. Donde tengan la información necesaria para tomar decisiones responsables y sostenibles. Donde puedan decir "sí" o "no" con libertad y fundamentos.</p><p>Grupos Estim es uno de esos espacios. Un lugar donde los jóvenes no son formateados, sino escuchados. Donde se preparan, no para cumplir un mandato, sino para entenderse a sí mismos y construir un camino propio dentro o fuera de la empresa. Y al hacerlo, colaboran también a sanar y fortalecer la relación con sus padres, a reducir la tensión familiar y a sembrar continuidad real.</p><p>Porque preparar a la siguiente generación es también un acto de amor: darles herramientas para que decidan bien, incluso si su decisión es no seguir el camino que esperábamos.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/wFJ2msuKcXkHTXQi4PrIggvutm4=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/09/empresas_familiares.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>Hoy el desafío es acercar a los jóvenes al legado empresarial desde la libertad, la vocación y el autoconocimiento, para que elijan con autenticidad su lugar en la historia familiar.]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2026-03-16T11:40:10+00:00</updated>
                <published>2025-09-17T21:04:06+00:00</published>
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        <title>
            Una oportunidad para desarrollar Santa Fe
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/una-oportunidad-para-desarrollar-santa-fe" type="text/html" title="Una oportunidad para desarrollar Santa Fe" />
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        <author>
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                <![CDATA[Raúl Ochoa y Gómez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/una-oportunidad-para-desarrollar-santa-fe">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E8cvOSzN2_fa948EGFOEu8x32zA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/costanera.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>La ciudad de Santa Fe, como muchas ciudades intermedias, enfrenta un dilema estructural: posee un valioso capital territorial, cultural e histórico, pero no logra consolidarlo como motor de desarrollo económico y social. Una de las claves para revertir esta situación está, literalmente, frente a nosotros: la costanera, ya que representa el eje estratégico más potente para transformar la ciudad en un centro dinámico, inclusivo y competitivo.</p>El Modelo Bilbao<p>Cómo un frente fluvial puede cambiar una ciudad. En la década de 1990, Bilbao era una ciudad postindustrial, con altos niveles de desempleo, degradación ambiental y pérdida de identidad urbana. El gobierno local junto con el sector privado, impulsaron un ambicioso plan de regeneración urbana. No se trató solo de embellecer la ciudad, se diseñó una estrategia de desarrollo, con inversión en infraestructura, cultura, transporte, vivienda y espacios públicos.</p><p>El ícono fue el Museo Guggenheim, pero el verdadero éxito fue lograr que ese símbolo cultural activara un nuevo ecosistema urbano y económico. Hoy Bilbao es un referente mundial y Santa Fe puede aprender de esa experiencia, adaptándola a su escala y contexto.</p>La costanera como eje<p>La costanera de Santa Fe es, por ubicación, paisaje, accesibilidad y valor simbólico, el espacio urbano más privilegiado de la ciudad, pero aún tiene mucho potencial por explotar. Se necesita un Plan Maestro de Desarrollo Urbano, pero que deje de lado la mirada tradicional y ponga el foco en generar empleo, inversión, calidad de vida y oportunidades para los santafesinos.</p><p>&nbsp;</p><p>1) Desarrollo inmobiliario sostenible:</p><p>La construcción es el dinamizador económico de cualquier ciudad. Incentivar la construcción de edificios de media y alta densidad en zonas aptas de la Costanera Este y Oeste, integrándolas con el Dique II y la zona sur de la ciudad, no solo atraería inversión y empleo, sino que consolidaría una centralidad urbana con vida residencial, comercial, turística y recreativa.</p><p>Ejemplos como la Puerto Madero en Buenos Aires, la Costanera de Rosario o el distrito Costanera de Asunción demuestran cómo la combinación de espacio público de calidad y proyectos inmobiliarios integrados puede revitalizar ciudades enteras.</p><p>2) Centros culturales, comerciales y de innovación:</p><p>Es fundamental que el nuevo desarrollo costero no se limite a la vivienda. Necesitamos espacios culturales (museos, teatros, centros de interpretación), galerías comerciales abiertas, mercados regionales, polos gastronómicos y espacios de coworking o tecnología. Esto promueve diversidad económica, empleo joven, turismo y apropiación ciudadana.</p><p>3) Integración territorial. Conectar el norte, el sur y el río:</p><p>El proyecto no puede quedar aislado. Debe integrarse con la zona sur de la ciudad, que posee un enorme valor patrimonial, arquitectónico y cultural. Con políticas de puesta en valor, infraestructura, transporte y participación ciudadana, esta zona puede convertirse en un distrito cultural y turístico, articulado con la nueva costanera.</p><p>A su vez, es clave fortalecer la movilidad urbana, con circuitos que conecten la costanera con los barrios más populares, las universidades y los centros cívicos.</p>Ejecutar la visión<p>Para que esto no quede en buenas intenciones, se necesita una agencia de desarrollo urbano y económico específica, con capacidad técnica, financiamiento mixto y liderazgo político. El ejemplo de Bilbao Ría 2000, que articuló inversiones públicas y privadas bajo una planificación coherente, puede ser replicado con una versión local adaptada.</p><p>Desarrollar Santa Fe no depende de un proyecto aislado. Pero explotar nuestro borde costero es una estrategia de transformación estructural que puede generar empleo, atraer talento, impulsar la economía local y devolverle a nuestra ciudad el protagonismo que merece en la región. El río -que tantas veces fue visto como amenaza- puede ser nuestro mayor aliado. Lo que falta no es talento ni territorio, sino una visión clara, liderazgo y capacidad de ejecución.</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/E8cvOSzN2_fa948EGFOEu8x32zA=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/costanera.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>La ciudad de Santa Fe, como muchas ciudades intermedias, enfrenta un dilema estructural: posee un valioso capital territorial, cultural e histórico, p...]]>
                </summary>
                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2025-07-30T13:07:24+00:00</updated>
                <published>2025-07-30T13:07:27+00:00</published>
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            ¿Qué podemos hacer los argentinos con los dólares guardados?
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/que-podemos-hacer-los-argentinos-con-los-dolares-guardados" type="text/html" title="¿Qué podemos hacer los argentinos con los dólares guardados?" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Alberto Bottai]]>
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        </author>
        
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HVN8i2SNf2hr32n1JKVAKajRzUo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/dolar_colchon.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>Reafirmando lo dicho en un artículo anterior, los argentinos nos encontramos desorientados, tal vez nos sentimos estafados, porque con nuestros ahorros en dólares no compramos ni la mitad de lo que podíamos comprar con el gobierno anterior, si lo cambiábamos a pesos. Efectivamente, el dólar libre (el que se podía comprar), llegó a costar el 24 de octubre de 2023, $1.100.-. Si actualizamos su valor con la devaluación que tuvo el peso desde esa fecha hasta hoy, ése dólar costaría hoy algo más de $ 3.700.-, es decir tres veces más.</p><p>Pero prestemos atención, que éste resultado desfavorable lo tenemos si compramos cosas o bienes que se venden en Pesos, porque comparamos el precio en pesos del dólar actual con el que pagábamos los argentinos para hacernos de una moneda seria, por el gran susto o pánico que nos inspiraba Massa repartiendo plata, o por la creciente inflación.</p><p>La realidad de hoy es que EN PESOS COMPRAMOS POCO, si cambiamos dólares, pero no ocurre lo mismo si con los dólares COMPRAMOS BIENES QUE SE VENDEN EN DÓLARES. Es decir, el dólar no ha variado su valor de compra en el exterior, si viajamos y TAMPOCO, si lo destinamos en argentina a propiedades que se venden en dólares. Todas las Propiedades que se venden en dólares tienen todavía un precio muy bajo, el que subirá en el futuro. ¿Y quién me autoriza a hacer ésta afirmación?, dos razones: Hoy cuestan menos que lo que costaban hace seis años y, comparado su precio con el de otros países libres, es muchísimo menor y no existen razones para que así sea.</p><p>Muchas personas piensan que no estamos seguros de la continuidad de Milei y su política económica, pero, aunque se produjera un cambio total, nunca perderemos si con nuestros ahorros compramos una vivienda, para disfrutarla o para ponerla en renta. Es decir, sin ninguna especulación podemos vivir mejor o tener otro ingreso.</p><p>No debemos olvidar que el dólar, como cualquier moneda, siempre pierde valor con el tiempo, aunque es difícil entender esto para los argentinos que vivíamos con gran inflación y creíamos que el dólar nunca perdía valor.</p><p>Todo lo dicho no se contrapone con tener una razonable cantidad para afrontar algún acontecimiento no deseado, conscientes de que tendremos una pérdida en el tiempo, pero sabiendo que no nos haremos ricos guardando dólares.&nbsp;</p>]]>
                </content>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/HVN8i2SNf2hr32n1JKVAKajRzUo=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/dolar_colchon.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>En contexto inflacionario, el dólar pierde poder en pesos. ¿Conviene guardarlo, viajar o invertir en bienes durables?]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2025-07-09T12:33:10+00:00</updated>
                <published>2025-07-09T12:29:54+00:00</published>
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        <title>
            El modelo Milei bajo presión: riesgos financieros y límites estructurales
        </title>
        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/el-modelo-milei-bajo-presion-riesgos-financieros-y-limites-estructurales" type="text/html" title="El modelo Milei bajo presión: riesgos financieros y límites estructurales" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Raúl Ochoa y Gómez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/el-modelo-milei-bajo-presion-riesgos-financieros-y-limites-estructurales">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s3lM3lZSvoTGouPKHQZtRjztU7s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El programa económico impulsado por el presidente Javier Milei ha generado fuertes tensiones en las últimas semanas. Esto se debe, principalmente, a que el mercado percibe una pérdida en la capacidad de financiamiento, mientras la demanda de dólares crece sin control. De hecho, en su último informe, el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) advierte que el gobierno ya no cuenta con opciones claras: ni endeudamiento externo, ni emisión monetaria, ni colocación de deuda interna a tasas sostenibles.</p><p>En este contexto, el ajuste fiscal debería profundizarse para alcanzar el objetivo de superávit, lo que implica un mayor riesgo en la cadena de pagos y una creciente tensión social. A esto se suma un escenario marcado por recortes en los servicios públicos, paralización de la obra pública nacional y una caída sostenida del salario real.</p><p>A la par, persiste la preocupación por la libertad cambiaria y la continua fuga de reservas. Un informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA) revela que, solo en mayo, más de un millón de argentinos compraron 2.262 millones de dólares a través de canales bancarios. Este fenómeno refleja dos procesos simultáneos: por un lado, la falta de confianza, expresada en la migración masiva del peso al dólar; por otro, una dolarización de facto sin respaldo de reservas, que intensifica la presión sobre el tipo de cambio oficial.</p>Impactos macroeconómicos<p>Podríamos definir como "impactos macroeconómicos" dentro del panorama descripto a los siguientes:</p><p>* Reservas en picada: las fuertes intervenciones del BCRA para contener el dólar reducen el "colchón" estratégico, lo cual genera más incertidumbre.</p><p>* Volatilidad cambiaria: dadas las limitadas reservas, la creciente demanda de dólares y la apertura indiscriminada de importaciones, la sostenibilidad del tipo de cambio genera dudas en el mercado.</p><p>* Recesión: el recurso de un ajuste drástico sin financiamiento compensatorio limita la inversión, el empleo y el consumo doméstico.</p><p>* Finanzas en riesgo: sin capacidad de emisión o endeudamiento, Argentina podría caer en un círculo vicioso de atrasos en pagos, quitas unilaterales y nueva asistencia del FMI con condiciones menos favorables.</p><p>* Shocks externos: la creciente dolarización de carteras implica quedar más expuestos a las posibilidades de financiamiento y crisis externas.</p><p>* Estancamiento productivo: la incertidumbre cambiaria y fiscal desalienta inversiones de largo plazo. Se corre el riesgo de caer en una economía "extractiva", dependiente de commodities y sin desarrollo industrial.</p><p>* Tensión social: sin redes sociales robustas, cualquier crisis financiera o del tipo de cambio multiplicaría la pobreza, desigualdad y conflictividad.</p><p>&nbsp;</p>Propuestas y necesidad de cambio<p>1) Ajuste compensado: las políticas de austeridad extrema, agravan la crisis y se vuelven insostenibles. Es necesario generar un proceso de consolidación fiscal, con fuerte protección a los sectores más vulnerables y mecanismos automáticos de estabilización (como subsidios al desempleo y mantenimiento de la inversión pública en infraestructura).</p><p>2) Gasto público orientado al crecimiento: redireccionar el gasto público, no eliminarlo. Invertir en obras con efecto multiplicador, ciencia, tecnología y educación. No se trata de agrandar el Estado por ideología, sino de usarlo como palanca anticíclica.</p><p>3) Generar confianza: la narrativa de que la confianza de los mercados surge únicamente del ajuste fiscal es incompleta. La confianza también se construye con coherencia, diálogo político, institucionalidad y perspectiva de crecimiento. La confianza de los inversores llega cuando el país muestra viabilidad, no solo sacrificio.</p><p>4) Crecer con estabilidad: bajar la inflación a costa de destruir la economía no es una victoria. La inflación debe abordarse con herramientas mixtas: política fiscal, ingresos y monetaria, no sólo con recesión. Para esto, se debe lograr una coordinación macroeconómica, y un enfoque integral que no destruya el consumo ni el tejido productivo.</p>Pasado conocido, futuro Incierto<p>A modo de conclusión, podemos señalar que la política económica de Javier Milei parece replicar el camino de fuertes ajustes ya transitado por países como Grecia y España durante la última década. En ambos casos, el recorte del gasto público en contextos recesivos profundizó la contracción, aumentó el desempleo y deterioró el tejido social. En el caso griego, incluso con asistencia externa, la economía colapsó y la deuda aumentó en proporción al PBI debido a la fuerte caída de la actividad.</p><p>Argentina, a diferencia de esos países, enfrenta su ajuste sin apoyo sustancial, con una economía muy informalizada, sin moneda fuerte, con pobreza estructural y tensiones sociales crecientes. La falta de financiamiento, la fuga hacia el dólar y el deterioro de las reservas configuran una situación macroeconómica inestable que limita los márgenes de maniobra del gobierno. La experiencia comparada muestra que los ajustes fiscales drásticos sin anclaje productivo ni redes de protección social pueden ser, no sólo socialmente costosos, sino económicamente ineficientes.</p><p>Si no se logra articular una estrategia de crecimiento inclusivo, consenso político y estabilidad cambiaria, el riesgo no es sólo una crisis a corto plazo, sino una década perdida. Como advirtió el premio nobel de economía Paul Krugman frente a los errores de Europa, "la austeridad no genera confianza si destruye la economía. La única salida sustentable es una economía que crezca y distribuya, no que resista hasta romperse".</p>]]>
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                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/s3lM3lZSvoTGouPKHQZtRjztU7s=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2025/07/milei.jpg" class="type:primaryImage" /></figure>El programa económico impulsado por el presidente Javier Milei ha generado fuertes tensiones en las últimas semanas. Esto se debe, principalmente, a q...]]>
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                                                <category term="opinion" label="Opinión" />
                                <updated>2025-07-09T12:25:52+00:00</updated>
                <published>2025-07-09T12:23:26+00:00</published>
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            Las importaciones tensionan el modelo económico
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        <link rel="alternate" href="https://www.puertonegocios.com/opinion/las-importaciones-tensionan-el-modelo-economico" type="text/html" title="Las importaciones tensionan el modelo económico" />
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        <author>
            <name>
                <![CDATA[Raúl Ochoa y Gómez]]>
            </name>
        </author>
        
                                <content type="html" xml:base="https://www.puertonegocios.com/opinion/las-importaciones-tensionan-el-modelo-economico">
                    <![CDATA[<figure><img src="https://cdnartic.ar/CE8PkSX7vta837XZAA_1U-yuRNU=/800x0/filters:no_upscale():format(webp):quality(40)/https://puertonegocioscdn.eleco.com.ar/media/2024/08/concesionaria.jpg" class="type:primaryImage" /></figure><p>El principal dato económico de abril de 2025 fue el aumento de las importaciones en un 41,9%, haciendo caer el superávit comercial en U$S 1.600 millones. Ese monto, representa el costo implícito del dólar barato, una obviedad que el gobierno nacional ha tratado de minimizar, pero que tiene un fuerte impacto en la sostenibilidad del modelo económico a mediano y largo plazo.</p><p>Analizando los dos principales sectores de bienes transables, vemos que el automotriz tuvo un déficit de U$S 800 millones (en crecimiento), mientras que la balanza comercial energética tuvo un superávit de U$S 460 millones (20% menor que hace un año).</p><p>El gráfico refleja el crecimiento ininterrumpido de nuestras compras al exterior durante los últimos seis meses. Fuente: elaboración propia en base a datos proporcionados por el INDEC.</p><p>Siguiendo esta línea, todos los rubros mostraron fuertes aumentos en las cantidades importadas, destacándose: vehículos de pasajeros (219%), combustibles y lubricantes (70%), bienes de consumo (68%) y bienes de capital (65%). La mayoría de estos bienes provienen de nuestros dos principales socios comerciales, Brasil y China.</p><p>&nbsp;</p>Implicancias<p>La estrategia de fortalecer el peso y reducir las restricciones a las importaciones es una de las principales herramientas del programa anti-inflacionario del gobierno nacional. Además, es una excelente noticia para una economía saturada de controles y limitaciones.</p><p>Sin embargo, esta política, no está exenta de riesgos, ya que Argentina se expone fuertemente a los shocks externos, se aumenta el gasto en dólares y no se recomponen las reservas del Banco Central.</p><p>De esta manera, el tipo de cambio juega un papel clave en esta ecuación, encontrándose bajo un proceso de apreciación real desde hace dieciocho meses y posiblemente lo continúe haciendo hasta octubre, empeorando aún más el déficit externo.</p><p>El lado positivo es que este escenario favorece la incorporación de maquinaria y tecnología, brindando una oportunidad para mejorar la competitividad y revertir -a mediano plazo- las consecuencias no deseadas de este "boom importador".</p>Un poco de contexto<p>Para tener una mayor perspectiva, deberíamos analizar brevemente la historia reciente del comercio exterior en Argentina, y es ahí donde vemos que durante los últimos veinte años se exportaron prácticamente los mismos volúmenes físicos, obviamente con algunos periodos mayores y otros menores, pero sin una tendencia alcista.</p><p>En este marco, si se continua con un proceso de estabilización y se toman las medidas adecuadas existe un gran potencial para aumentar el comercio, incluso podría duplicar su participación en la economía.</p><p>A modo de ejemplo podemos resaltar que nuestro comercio exterior representa el 25% del PBI, mientras que en el Latinoamérica ese ratio es del 49% y a nivel mundial cerca del 60%. Es decir que actualmente Argentina es una de las economías más cerradas del mundo.</p>Proyecciones 2025<p>Este proceso de crecimiento de las importaciones, sumado a la caída en los precios de nuestras exportaciones, en un contexto de fuerte apertura, normalización del comercio exterior, apreciación cambiaria y expectativas de mayor consumo, generarán una demanda aún mayor de las importaciones para los próximos meses.</p><p>Lo que suceda con las exportaciones es más difícil de predecir, porque tratándose principalmente de commodities, sus precios dependen del mercado internacional, aunque es esperable que aumenten levemente.</p><p>En este marco, el 2025 evidenciará una caída neta del superávit comercial con respecto al año anterior. Lo cual genera algunas alarmas para tener en cuenta pero aún no pone el programa económico en crisis.</p><p>En cuanto al próximo año, la evolución del resultado comercial dependerá fundamentalmente del aprovechamiento de la capacidad instalada y el incremento en la productividad real que se genere en la economía de aquí en adelante.</p>Performance exportadora: cómo mejorarla<p>Para generar un crecimiento sostenido de nuestras exportaciones, es necesario avanzar con las políticas macroeconómicas actuales, aunque esto, solo representa el primer paso.</p><p>Argentina debe aumentar la cantidad y calidad de los bienes y servicios exportables, ya que nuestro problema es principalmente de oferta. Es decir, no deberíamos poner el foco tanto en firmar acuerdos comerciales (también necesarios), sino en mejorar nuestra productividad.</p>Para lograr esto necesitamos tomar las siguientes medidas:<p>1) Incrementar el financiamiento a la actividad productiva, de forma que crezca rápidamente la inversión privada;</p><p>&nbsp;</p><p>2) Lograr un funcionamiento eficiente del Estado, para transformarlo en un motor de la economía y no en un obstructor;</p><p>3) Mejorar la logística y el transporte (claves);</p><p>4) Aumentar la dotación de capital humano en las materias que demanda el mercado;</p><p>5) Lograr una convergencia tecnológica con los países más desarrollados.</p>]]>
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                                <updated>2025-06-02T11:00:40+00:00</updated>
                <published>2025-06-02T10:59:32+00:00</published>
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